Opinión

Las buenas intenciones no alimentan ni curan

La UE sirve a Gaza un menú degustación de promesas con postre de burocracia mientras los convoyes humanitarios languidecen en la aduana del conflicto.

En enero de 2025 la UE anunció un paquete de 120 millones de euros para ayuda humanitaria en Gaza, elevando la asistencia desde 2023 a más de 450 millones de euros. Señales alentadoras: se ha pasado de 20 a 80 camiones de ayuda diaria tras un acuerdo con Israel. Pero incluso Bruselas admite que esto sigue siendo insuficiente frente al hambre y la destrucción.

Ochenta camiones para millones de personas es como repartir un vaso de agua en medio del desierto

En septiembre, Ursula von der Leyen propuso suspender parcialmente el acuerdo comercial UE-Israel y sancionar a ministros extremistas del gobierno de Netanyahu. Un gesto potente en titulares… pero simbólico en el terreno.

Suspender un acuerdo no repone un hospital ni convierte el agua turbia en potable

Sin mecanismos rápidos y un consenso interno firme, esas sanciones pueden quedarse en el limbo diplomático.

Los documentos oficiales se acumulan como papel moneda sin respaldo: informes, declaraciones, planes estratégicos. En Gaza la población necesita pan y medicinas, no papeles ni comunicados. Mientras, algunos Estados miembros bloquean medidas más duras, temiendo riesgos en sus propias relaciones comerciales o diplomáticas.

La UE escribe con pluma dorada mientras Gaza sobrevive con raciones contadas

Además, la UE calcula que serán necesarios 50.900 millones de euros para reconstruir Gaza en los próximos diez años. Gran cifra para un plan a largo plazo… siempre y cuando llegue antes de que la realidad la supere.

Los planes a diez años no curan la emergencia de hoy

La UE tiene instrumentos, recursos y discursos brillantes. Pero Gaza necesita hechos, no promesas con marca comunitaria. Es hora de convertir las notas de prensa en camiones, las sanciones “en estudio” en decisiones firmes y las palabras en agua potable. Porque las buenas intenciones no alimentan ni curan, y la ironía más cruel es que Europa lo sabe desde hace años.

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Las buenas intenciones no alimentan ni curan

Tano

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