La violencia obstétrica: insultos durante el parto y prácticas sin consentimiento

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Gema en su tercer embarazo elaboro un protocolo de parto en su hospital, el de Motril. En ese documento expresaba como quería que fuera el alumbramiento de su hija: sin epidural y sin potro. Sin embargo, una vez llegó al centro nadie le pidió el protocolo ni se respetaron sus opiniones. “Nada más ingresarme me dicen que me tengo que poner la epidural, como en mis dos anteriores partos no me la puse y me fue bien, expliqué que no la quería”, relata Gema. Entonces comenzaron sus problemas con la matrona, que le coacciono para ponérsela amenazándola con no ponérsela después. “Me sentí vulnerada y me la puse por miedo”, comenta. Acto seguido, la sanitaria añadió que tenía que poner las piernas en el potro. Gema, que tenía ansiedad al pensar en esta práctica se negó. “Me dicen que como estoy muy nerviosa me tienen que poner un trankimazin. Me pareció surrealista”.

“Le digo que no quiero estar en el potro, que por favor me suelte, y me dijo textualmente: “Vaya madre primeriza y moderna que se pone a parir con cuarenta años””, recuerda Gema, quién no pudo evitar contestar que era su tercer bebe. Los comentarios de la matrona no finalizaron ahí: es “qué no sabes empujar, qué lo único que sabes hablar”. “El trato fue muy ofensivo, estuve en período expulsivo dos horas porque tenía mucha tensión”, añade la mujer. Finalmente, cansada de las acciones de la matrona le pidió que abandonará la sala, con la suerte de que llego una nueva profesional que la ayudo en todo momento a dar a luz a su tercera hija. “Me sentí muy afortunada de que mi hija naciera bien. Pero en el postparto lo pase muy mal, me costó mucho trabajo recuperarme. Mi método de defensa era que mi hija y yo estábamos bien”, revive.

No es un hecho aislado

El caso de Gema pertenece a lo que la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha definido como violencia obstétrica. “Es un tipo de violencia sexual hacia las mujeres que tiene escenario en los servicios de ginecología y obstetricia. Consiste en un maltrato hacia la mujer que se puede ver reflejado en no darle información sobre sus procesos de salud, en la coacción, o en no pedir consentimiento antes de someterla a procesos muy invasivos”, define la abogada experta en negligencias médicas y de salud sexual y reproductiva, Francisca Fernández.

Para la médica y socia de El Parto es Nuestro, Teresa Escudero, dentro de esta violencia estarían tanto el parto, el embarazo, y la lactancia. “Es un acto violento porque se produce desde una posición de poder y provoca lesiones físicas y psicológicas”, explica Escudero y pone el foco en que no son prácticas que se hacen desde una intencionalidad de dañar a la mujer. Además de la madre, el bebe también es sujeto de este tipo de situaciones. “No podemos diferenciar entre el sufrimiento del bebe y el de la madre”, señala.

Dentro de la violencia obstétrica se encuentra prácticas como las episiotomías, el uso de la oxitocina para acelerar el parto o el empleo de la epidural. Acciones que a veces son necesarias para evitar problemas mayores, pero que si se hacen sin el consentimiento de la madre se convierten en violentas. “Hay mil maneras en las que esos actos se le expliquen a las mujeres para que no padezcan un trauma. Yo conozco mujeres que han vivido alguna de ellas y han sentido que los médicos hacían todo lo que podían para ayudar a su bebe y otras que lo han hecho en una situación de indefensión, donde nadie les explicaba nada”, ejemplifica la médica.

Un trato deshumanizado o una infantilización son algunas de las formas en las que se expresa este tipo de violencia según Beatriz Lorente Silva, médica especialista en ginecología y obstetricia y socia de Sociedad Marcé Española de Salud Mental Perinatal (MARES). “No respetan la autonomía en la toma de decisiones”, comenta la sanitaria. “Las prácticas como la episiotomía o el uso de la oxitocina no tienen porque ser violencia, se convierten en eso cuando no son necesarias y se usan para acelerar un proceso que es natural y fisiológico porque un profesional considera que es necesario”, comenta la socia de MARES.

“Se han convertido en rutinas y se ha roto el intercambio de opiniones de profesional y mujer”, añade la médica. Según ella, se ha pasado muchas veces a poner la oxitocina directamente sin preguntar a la mujer. Algo que en el caso de las episiotomías se repite” “Es un acto quirúrgico y se debería pedir siempre consentimiento verbal o escrito”. Esta incisión se realiza más de lo necesario como explica Lorente: “Se recomienda hacer un 15% de episiotomías para evitar desgarros, pero dependiendo del centro nos podemos encontrar con un 30% o un 70%”. La abogada Francisca Fernández interpreta que estos hechos se escapan a una cuestión de mala praxis médica. “No son errores, son intereses. Como no ser molestado en las guardias de noche, acelerar el parto para ahorra tiempo. Aquí hay algo más.

Algunas situaciones de desamparo que sufren las mujeres al dar a luz a sus bebés están dentro de los protocolos establecidos de los hospitales. Fue lo que le pasó a Cristina el verano de 2020 en el Hospital Virgen del Rocío. Ella fue a dar a que le indujeran un parto porque ya estaba en la semana cuarenta de embarazo, al principio todo iba bien con los profesionales, se le iban explicando detalladamente todo lo que iba a suceder. Sin embargo, su parto acabo en cesárea y ahí empezó a no sentirse cómoda, ya que por protocolos médicos no podía ser acompañada por su pareja. “Estaba sola en el quirófano con personas que estaban como si fuera un lunes para ellos”, recuerda. Por suerte, se pudo agarrar a una enfermera o matrona, no sabe que era, que la estuvo acompañando.

Después de la operación y de la presentación a su hijo le dijeron que se tenía que ir a una sala de despertar sola durante cuatro horas.  “La observación consistió en que las enfermeras de turno se fueron a una sala a dormir, diciéndome que si necesitaba alguna cosa las llamará. Esas horas lo pase muy mal sola con dolores de postparto”, ejemplifica: “Es una cosa institucionalizada y está desactualizada. No trata a las mujeres con respeto”.

La Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia en contra del término

El Ministerio de Igualdad ha adelantado que incluirá la violencia obstétrica dentro de la ley de salud reproductiva, un hecho equivocado según la Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia (SEGO) y el Consejo General de Colegios Oficiales de Médicos. “Es un término que no nos gusta. Entendemos que es una manera de mirar prácticas antiguas desde un prisma actual”, detalla María Teulon, tesorera de SEGO a este diario. Por su parte, desde el Consejo no han querido hacer declaraciones. “En los hospitales españoles no se da violencia obstétrica entendida como prácticas innecesarias y de maltrato a la mujer”, defiende Teulon: “En los centros no se coacciona a ninguna mujer”. La tesorera lleva veinticinco años trabajando en la ginecología y concreta que siempre al proponer una práctica a una mujer se le explican todos los riesgos y beneficios. “No se les impone nada”.

Para la abogada Francisca Fernández es lamentable que SEGO y el Consejo General de Colegios Oficiales de Médicos se centren en un término y no en una realidad. “Van muy tarde con la sociedad. Obviamente no les corresponde a ellos decidir como tenemos que llamar a esto”, arguye.

Por su parte, la ginecóloga cree que el causante del malestar de las mujeres en sus partos se debe a las grandes expectativas que vuelcan en el mismo. “Son muy poco realistas, han leído sobre partos idílicos y cuando no son así se sienten frustradas”, añade. Para ella, los profesionales de la ginecología han hecho verdaderos esfuerzos para mejorar la atención en los partos, pero admite que quedan aspectos a mejorar: “En muchas ocasiones no se deja pasar a los padres a quirófano para presenciar una cesárea o se induce un parto a comodidad de un ginecólogo”.

¿Se puede denunciar la violencia obstétrica?

Gema fue incapaz de denunciar a la matrona que la atendió en su parto, primero por la vorágine de atender a un recién nacido, después por no poder recordar bien los datos. “No pude por la vulnerabilidad de la situación”, argumenta.

“Siempre podemos hacer algo”, explica Francisca Fernández. Los plazos para denunciar este tipo de problemas varían según la región. “Los plazos de prescripción no se cuentan desde que ocurrió el hecho en sí, sino desde que la persona pueda demandar”, agrega. Ella en su trabajo como abogada ha llevado muchos casos de mujeres que han sufrido incontinencia urinaria y fecal después de una mala atención en su parto. “El tiempo se empieza a contar desde que tiene un diagnostico o se cura, pero para esto pueden pasar de dos a cuatro años porque pasan por un periplo de visitas a médicos que le quitan importancia”, comenta. Sin embargo, al ser secuelas físicas son más demostrables. “Una mujer que sufra estrés postraumático es más difícil de demostrar, pero no imposible”.

 

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