Si Cuba posee un récord no escrito, pero reconocido por especialistas de la guerra, de poner en disposición combativa en pocas horas un millón de personas con un Kaláshnikov en ristre, no debe resultarle muy difícil poder vacunar rápidamente a una población que no pasa de los doce millones de habitantes.
Las futuras vacunas, que son varias, tranquilizarán la tensa situación que vive la isla, pero no serán solución para otros males importados como el bloqueo gringo o aquellos autóctonos como esos de no acabar de dar pie con bola y enderezar la economía.
Enfrentar las secuelas que no son otras que el desabastecimiento alimenticio y de medicamentos, los altos precios y tarifas en determinados sectores, los reajustes del mega plan económico, los efectos de la prolongada crisis, los avatares de la producción agrícola y otros tantos más conforman el venidero panorama financiero, político y social.
Cuidado no tengamos que acudir nuevamente al decano de la facultad de Matemáticas, para que con sus acertados pronósticos del virus, nos pueda ilustrar cuándo y de qué manera, cifras y gráficos de por medio, saldremos de tantas contrariedades y malos ratos en la post pandemia.
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La vacuna local no será suficiente en Cuba
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