La patronal que preside Botín pide un trato fiscal preferente de los bancos frente a otras multinacionales

Ana Botín, presidenta de Banco Santander

La presidenta de Banco Santander, Ana Botín. Autor: Banco Santander

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Las negociaciones tanto en el ámbito europeo como en el internacional para poner coto en materia fiscal a las grandes multinacionales y gigantes digitales han puesto sobre aviso a la banca europea, que maniobra para evitar que los nuevos impuestos acaben afectándole. La Federación Bancaria Europea (EBF) acaba de presentar un informe de “recomendaciones para un marco fiscal de la UE más justo y eficiente” en el que piden que se les excluyan de las nuevas normas.

La patronal bancaria, presidida por Ana Botín desde el pasado mes de febrero, pide “aislar las actividades bancarias de otros negocios altamente digitalizados a la hora de diseñar las nuevas normas del impuesto de sociedades”. Para la EBF, “debe tenerse muy en cuenta” por un lado el propio modelo operativo de los bancos, “que garantiza que establezcan una presencia física y, por tanto, tengan un nexo imponible cuando se enfrentan a los clientes minoristas”.

Y por el otro, pide también tener en consideración que “cualquier propuesta debe basarse en el consenso y el acuerdo internacional para evitar el potencial de consecuencias fiscales no deseadas y disputas entre jurisdicciones”.

Impuesto mínimo global

Son dos los frentes que parecen preocupar a la patronal bancaria europea. En primer lugar, las negociaciones en el seno de la OCDE para la imposición de un nivel mínimo de tributación ‘efectiva’ para las grandes multinacionales. “Debería estudiarse la posibilidad de establecer una exención general para las actividades financieras reguladas para el segundo pilar de la OCDE”, señala la EBF. Para la institución presidida por Botín, “el hecho de estar regulado financieramente implica automáticamente una fuerte sustancia local (aparte de los costosos requisitos de capital y liquidez) y a menudo va acompañado de importantes gravámenes sectoriales, IVA no deducible, etc., que también constituyen la carga fiscal local general de los bancos”.

Por ello, “si las normas de imposición mínima se aplican a los bancos, dichas normas deberían funcionar preferentemente sobre la base de una combinación global en lugar de una combinación jurisdiccional”. Este enfoque global “sirve igualmente” al objetivo de “garantizar que las empresas multinacionales paguen un impuesto mínimo sobre sus beneficios”, pero evita una carga adicional y “puede resolver posibles incompatibilidades con el derecho primario de la UE”.

Impuesto sobre servicios digitales

La segunda fuente de preocupación de la banca es la que afecta al impuesto sobre servicios digitales. “Cualquier propuesta de un impuesto digital de la UE debe ajustarse plenamente a las conclusiones de la OCDE y del Marco Inclusivo, según las cuales no hay motivos para incluir los servicios del sector bancario en el ámbito de aplicación” del nuevo impuesto, avisa.

“Los bancos utilizan los datos que obtienen de sus clientes para prestar servicios que, a su vez, están sujetos a impuestos. Por consiguiente, en la medida en que un banco monetice los datos, esto se reflejará en los beneficios ya sujetos a impuestos”, considera la EBF.

En el mismo sentido, “cuando se ordene el intercambio de datos sin valor entre un banco y un tercero a cambio de una comisión, por ejemplo en virtud de las leyes de banca abierta, esta transacción no debería estar sujeta a impuestos”. Y “cuando se preste a un tercero un servicio de valor añadido en relación con los datos de los clientes, el beneficio debería estar sujeto a impuestos con arreglo a los principios ordinarios”.