Canal de Panamá
Esta vez no será por los famosos papeles, sino por una simple Tarjeta de Turismo. En la acera de la embajada de ese país en La Habana, un moreno de casi seis pies de altura y con unas manos capaces de derribar al mismísimo King Kong en el primer asalto, lee con detenimiento los requisitos para viajar y le comenta a su acompañante que “mañana mismo saco un permiso de trabajo como manicure”.
Precisamente esa es la principal condición para llegar por 30 días a Ciudad de Panamá sin necesidad de visa: un carné de autoempleado.
Las autoridades panameñas se acaban de meter en camisa de once varas. Hasta allí no solo viajarán los dueños de negocios privados en busca de vituallas, sino que otros con no muy sanas e ilegales intenciones. Y todo esto, no por lo cándido del Servicio Nacional de Migración, sino por la ausencia de un mercado mayorista donde el sector privado pueda hacer sus compras sin salir de la isla o lograr las debidas importaciones hasta ahora prohibidas.
Más de cien millones de dólares fueron las ganancias que dejaron los emprendedores cubanos en el istmo durante el pasado año. Esa es la razón del Decreto. Ojo que no se tupa el canal.
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