Opinión

La ocurrencia de aquel cura terminó en Patrimonio de la Humanidad

Otra amiga en San Juan de los Remedios, Lupe Son Carvajal, lo confirmó: “Por seguro, (…) nuestro pueblo no disfrutaba de tanto calor humano, belleza, colorido, organización con disciplina. Todos además cogidos de las manos para hacer una bella parranda”. 

Doscientos años después que aquel joven cura párroco de nombre Francisquito se le ocurriese tirar varios cohetes cerca de la medianoche para que los feligreses asistieran a la Misa del Gallo, a celebrarse en la ermita de San Salvador de Horta, estas parrandas constituyen por obra y gracia de la Unesco, además del tesón de sus habitantes en dos siglos transcurridos, Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. 

Su historia es rica, extensa en todos los órdenes. Lo ha demostrado ese pueblo a lo largo de los años. Algunas, ya conocidas; otras, casi ignoradas como esa del niño nacido allí en 1873 que llegó  a ser jefe de gobierno de España en 1930. Me refiero al General Dámaso Berenguer y Fusté. Por cierto, seguro que fue parrandero de pequeño, aunque nunca más puso un pie en el pueblo al salir hacia Madrid con sus padres y hacer estudios militares en una academia donde le apodaban “el cubanito”. 

 O esta otra. De sus bosques de entonces, ricos en maderas preciosas  se construyó el  Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial, en España. Mi buen compañero y colega ya fallecido tempranamente, Rafael Martínez-Simancas, solía repetirme allí en ese sitio: “Aurelico, toca, toca la madera de tu pueblo”. Y lo hice con visible orgullo como si se acariciase a una milagrosa virgen. 

Si Vueltabajo ha sido famosa por el cultivo del tabaco, es porque existía Vueltarriba, la zona de Remedios que alcanza hasta la vecina provincia de Sancti Spíritus y aparece hoy en los mapas tabacaleros de la isla. 

Por si fuera poco, Miami era una aldea de pescadores cuando Remedios ya tenía el título de ciudad. De sus comarcas productivas marchaba toda la comida y otros enseres hacia Miami y San Agustín. Quiso el destino, con sus locas volteretas, que hoy muchos remedianos residentes allí hagan importantes aportes para sus barrios en contienda de trabajos de Plaza, carrozas, comparsas y fuegos artificiales: El Carmen y San Salvador. Este año, entre otras donaciones, el diseño de la carroza de San Salvador. 

Saber de Cuba implica conocer las Charangas de Bejucal, el carnaval de Santiago de Cuba y las parrandas de  San Juan de los Remedios. Y si es en temporada de festejos pues mucho mejor. Desde la mismísima gloria debe estar sonriente y emocionado el padre Francisquito, el primero en elevar un volador a las alturas celestiales para convertir ese acto pirotécnico en Patrimonio de la Humanidad. 

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La ocurrencia de aquel cura terminó en Patrimonio de la Humanidad

Aurelio Pedroso

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