Hay que reconocer que las autoridades del ministerio del Interior fueron muy oportunas en su nota acerca del encuentro de esa belicosa embarcación proveniente de Miami con una unidad de las Tropas Guardafronteras cubanas en cayo Falcones, municipio Corralillo, provincia central de Villa Clara.
De igual modo, la comunicación inmediata con los guardacostas estadounidenses y el común acuerdo y disposición con las autoridades del vecino país para esclarecer el incidente.
El presidente cubano Miguel Díaz-Canel también no dejó transcurrir mucho el tiempo para recalcar en su cuenta de X que Cuba “no agrede ni amenaza” para dejar constar que resultaba sagrada la soberanía territorial.
La “tibieza” vino después cuando comenzó a “calentarse” Miami, los rusos advirtiendo que ello acarrearía quizás otro problema más a la ya tensa relación con el imperio y la televisión cubana sin mostrar tan siquiera un par de fotos o darle la palabra a un confeso participante o en su lugar al comandante guardafronteras lesionado durante el cruce de disparos que provocó heridos y cuatro muertos a los diez integrantes de la lancha rápida.
Oportunidad obviada vaya usted a saber las razones para no mostrar de inmediato a Cuba y al mundo la ocupación del armamento, uniformes y demás vituallas de guerra que traían los transgresores. Tal vez porque con lo dicho hasta el momento, después de la intervención este jueves del viceministro de Exteriores, Carlos Fernández de Cossío, fuera más que suficiente.
En pocas palabras, fijar una posición que no admite discusión alguna frente a un propósito terrorista que la isla ha sufrido en múltiples formas y no echar mucha leña al fuego precisamente en un momento como el actual donde la tensión con la Casa Blanca es en extremo delicada.
Esto de que ambos gobiernos, de conjunto, se sienten a esclarecer lo sucedido es sensato y aconsejable. Esperemos los mejores resultados.







