La irrupción de las criptomonedas pone en jaque al dinero tradicional… y a los mercados financieros

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Las criptomonedas han pasado en pocos años de ser una rareza para ‘frikis’ a convertirse a una inversión muy a tener en cuenta en los mercados, con una capitalización por encima de los 2 billones de dólares. No obstante, y a pesar de alguna excepción como la de El Salvador, de momento han mantenido un status de inversión más que de medio de pago. Una cuenta pendiente que puede llegar de la mano de la entrada en el ruedo de los bancos centrales, que aceleran sus esfuerzos para entrar en el mundo digital.

Las monedas digitales han ido ganando presencia en los mercados de manera casi ininterrumpida. A pesar de la elevada volatilidad, el bitcoin, el ethereum y el resto de criptomonedas han ido subiendo y acumulando nuevos hitos, hasta el punto de que a mediados de noviembre la capitalización total del mercado alcanzaba ya el récord de tres billones de dólares.

Pero ya no es un mercado para unos pocos; las señales de que los activos digitales se están normalizando han atraído cada vez a más inversores. El principal hito se produjo el pasado octubre, cuando echó a andar el primer fondo cotizado en bolsa (ETF) de bitcoin basado en futuros. La aprobación de un ETF de bitcoin, que permite importantes flujos de inversión de inversores institucionales, se ha interpretado como una legitimación del mercado de las criptomonedas, que ha venido acompañado además por movimientos de grandes empresas como Tesla o MasterCard en el mercado de los criptoactivos.

Otro motor que ha alimentado la popularidad es la situación macroeconómica mundial. Y es que la subida de la inflación en EEUU y Europa, combinada con una política monetaria muy acomodaticia, ha dejado a los inversores con muy pocas alternativas de inversión rentable, aumentando la atracción del bitcoin y otros activos digitales.

Los bancos centrales se ponen las pilas

A pesar de que a día de hoy las criptomonedas se ven como un activo de inversión más en el mercado, su paso a una moneda de pago está todavía lejos. La decisión de El Salvador de adoptar el bitcoin ha sido vista con escepticismo, e iniciativas privadas como la de Facebook (ahora Meta) y Libra (ahora Diem) parecen haber muerto incluso antes de nacer.

La principal razón, el celo de los bancos centrales y el resto de autoridades. De hecho, el camino hacia las monedas digitales como un medio real de pago probablemente no vendrá de la mano de una iniciativa privada, sino de los emisores de las actuales monedas de curso legal, los bancos centrales.

Se calcula que aproximadamente un 80% de los bancos centrales del mundo trabaja en su propia moneda digital. Las CBDC, siglas que responden en inglés al nombre de monedas digitales de banco central, serán sin embargo más una expresión electrónica del dinero fiat que una criptomoneda, aunque sí podrían basarse en tecnologías como el blockchain.

La banca tiembla ante una posible fuga de depósitos

Entre los bancos centrales que ya trabajan en esta necesidad se encuentra el Banco Central Europeo (BCE), que incluso ha puesto una fecha tan cercana como 2026 para su proyecto.

No obstante, esta moneda presenta sus propios riesgos para  el sistema, especialmente para el sector financiero, que teme una fuga de depósitos si sus clientes pueden tener un ‘monedero virtual’ en el propio BCE con sus ahorros.

Si los ahorradores cambiaran cada vez más depósitos bancarios a euros digitales, “se desencadenaría una escasez de liquidez en el sector bancario que el BCE podría contrarrestar comprando activos bancarios, como valores o préstamos, o aumentando los préstamos a los bancos mediante operaciones de refinanciación”, explicaban los analistas de Deutsche Bank en un informe.

“A más largo plazo, los bancos podrían conceder únicamente préstamos a sus clientes que el BCE acepte como garantía para la provisión de dinero del banco central. En última instancia, las decisiones reales de préstamo y la creación de dinero pasarían del sector bancario descentralizado y de propiedad privada a una autoridad central: el BCE”.

Para intentar evitar este riesgo, el propio BCE ha asegurado que trabaja con varias ideas, entre ellas limitar a una cifra fija el cash digital que permitiría a los particulares. Según los planes que se han ido conociendo, el banco central podría limitar sus monedas digitales a solo 3.000 euros a tipo de interés cero para evitar fugas de depósitos de la banca. Aun así, habrá efectos colaterales, avisan también los analistas de BofA Global Research.

“Con 340 millones de ciudadanos de la eurozona, esto supondría que un billón de euros pasaría de los bancos al BCE, si cada ciudadano utilizara toda su asignación”, señala BofA. “En cierto modo, el billón de euros podría considerarse modesto”, si se compara con el balance de 7 billones de euros que ya tiene el BCE, pero impactará esencialmente en una fuente de financiación que los bancos dan por segura (y que es muy barata): las cuentas corrientes.

“Las cuentas corrientes son una financiación contractualmente a la vista, pero conductualmente a muy largo plazo. Y como cada cuenta es pequeña en euros absolutos; y se repone automáticamente cada mes a partir de una nómina, muy estable”, explican los expertos en un informe.

Los bancos suelen pagar un interés nulo por las cuentas corrientes, por lo que, por definición, éstas son muy estables, independientemente de las condiciones financieras externas o, lo que es más importante, de la opinión del mercado crediticio sobre el banco en un momento dado.

“La gente suele pensar que los bancos son prestamistas. Pero cualquiera puede prestar; sólo los bancos producen cuentas corrientes. Éstas son teóricamente a la carta, pero en la práctica duran para siempre. Los bancos utilizan esto para crear ‘duración’” continúan los autores del banco de invesión. Un “solo” billón de euros en euros digitales “sacudiría los cimientos de los bancos, y desmontaría 2 billones de euros de ‘duración’ del mercado”: “los riesgos de refinanciación probablemente reducirían las coberturas de los bancos en 1,6 billones de euros y aumentarían las necesidades de liquidez en más de 0,3 billones de euros”.