Desde el malecón

La Habana en Toque de queda una vez más

La alimentación-desabastecimiento van fundidos en preocupante abrazo.

Personas con mascarillas en un coche por las calles de La Habana

Cuando faltan pocos días para cumplir un año del inicio de la pesadilla, la Covid-19 ha repuntado con tal e inusitada fuerza en toda la isla, que las autoridades no han tenido otra opción que restringir el movimiento de personas en la capital en horarios de la noche y madrugada además de tomar medidas especiales y restrictivas en algunas provincias.

Lo más parecido a una segunda temporada de esta tragedia mundial en un entorno económico local para nada favorable, crítico sin ir muy lejos y donde alimentación-desabastecimiento van fundidos en preocupante abrazo.

Un Toque de queda muy peculiar ante alarmantes números de contagiados en sus dos variantes: por carácter autóctono y por vínculos con infestados llegados al país. Suspensión de muchos vuelos, restringidos otros y la obligatoriedad de presentar una prueba negativa de la PCR son algunas de las medidas para frenar la epidemia que últimamente ha alcanzado cifras récords desde que comenzó en marzo del pasado año.

Unido a esto, la puesta en marcha del ambicioso plan de reformas económicas que no pocos disgustos, protestas y preocupaciones han provocado en su ejecución y que han obligado a sus responsables a reconsiderar los elevados precios impuestos en todos los órdenes del día a día.

No hay ministro que comparezca ante la televisión para decir, de saque, que la situación es compleja, que se escucha a la población y que se estudian las medidas adoptadas.

Entretanto, y lejos de lo que reconocen las autoridades cuando sostienen que la gran mayoría cumple con los requerimientos de salud pública, la realidad demuestra otra cosa, que se ha perdido la percepción de riesgo al crecer las indisciplinas.

Como esos animales que suelen morderse la cola así estamos.

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