Con el entra y sale de maletas en la Casa Blanca, volverá a repetirse la historia. De nuevo, con favorables señales en las bilaterales EEUU-Cuba. Ojalá que ambas partes contenciosas hayan alcanzado las respectivas enseñanzas de momentos pasados y logren algo parecido a la normalidad para bien de ambos pueblos.
Cuatro años atrás, en inolvidable visita, el entonces presidente Barack Obama conoció la capital cubana y le habló a sus gentes en un todavía polémico discurso que merece repaso. Siete meses más tarde, lo hacía la doctora Jill Biden en visita oficial para tirarle una mano a la primera dama Michelle en sus quehaceres culturales, de salud y educacionales, entre otros. Como que el mundo da tantas vueltas igual que un tiovivo que ha dislocado su pausado movimiento circular, ahora la doctora en pedagogía es la número uno de la vecina nación. Vamos, que conoce el camino a la capital isleña y también el “paño” local.
Por su parte, el presidente de la República, Miguel Díaz-Canel, le hizo llegar bien pronto a Joe Biden el reconocimiento “por el nuevo rumbo” y la esperanza de una relación “constructiva y respetuosa.”
La mesa está servida. Cuba no está en las primeras ni segundas prioridades del nuevo mandatario, pero más temprano que tarde se podrán notar los efectos. Será como una repetición o “remake” de lo acontecido con Obama aunque bajo circunstancias un tanto diferentes que, como dijera en su momento a quien suscribe el histórico excanciller Raúl Roa, necesitará de “guantes de seda” muy necesarios si el trato es precisamente con los gringos.
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La familia Biden conoce el camino hacia La Habana
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