La economía circular: la revolución industrial que viene

Cubos de reciclaje
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Se acabó el fabricar, usar y tirar: el nuevo proceso de producción y consumo que empieza a tomar forma en todo el mundo se basa en el reciclaje, el estiramiento al máximo de la vida útil de los productos y la reducción al mínimo de los residuos. Es la economía circular, que busca mitigar los problemas del agotamiento de los recursos naturales y de los ingentes volúmenes de basura generados por el modelo lineal dominante hasta ahora.

El concepto de economía circular hace referencia al ‘cierre del ciclo de vida’ de los productos, los servicios, los residuos, los materiales, el agua y la energía. Plantea reutilizar, reparar, reacondicionar y reciclar con el fin de mantener el valor de los productos y materiales durante el mayor tiempo posible.

Además de disminuir la cantidad de residuos, este modelo económico contribuye al ahorro energético, a la reducción de la contaminación atmosférica y a evitar los daños irreversibles en el medio ambiente causados por la utilización de los recursos a un ritmo que supera la capacidad de la tierra para renovarlos.

En los últimos años, la economía circular ha sido objeto de atención creciente entre los responsables políticos y empresariales, pasando a ser una prioridad en las políticas de diversos países y de la Unión Europea. Una buena muestra de ello es la proliferación de los estudios que analizan el tema: en el 2014 se publicaron sólo 30 artículos, en el 2016 la cifra se multiplicó hasta los 100 y se espera que a finales de este año se hayan escrito más de 300.

A lo largo de 2017, el Foro Económico Mundial y la Fundación Ellen MacArthur, de la mano de corporaciones como Philips y Accenture, han lanzado la Plataforma para Acelerar la Economía Circular, mientras que la Comisión Europea ha adoptado un paquete de nuevas medidas para impulsar la transición hacia un modelo circular en el que se utilicen los recursos de modo más sostenible, complementando una directiva al respecto aprobada en 2015. Entre estas directrices, destaca la puesta en marcha de una plataforma de financiación para impulsar el cambio económico.

No cabe duda de que la economía circular, potenciada por los avances tecnológicos y la necesidad de combatir el cambio climático, es la revolución industrial del siglo XXI. La cuarta revolución industrial tras las provocadas por la máquina de vapor, la electricidad y las tecnologías de la información digital.

Supone un cambio de paradigma integral que engloba desde el diseño de los productos a la gestión de los desechos y las materias primas secundarias –el material procedente de bienes ya utilizados–.

El ecodiseño permite ahorrar a cada consumidor 332 euros al años, además de reducir un 80% el impacto del producto en el medio ambiente y rebajar un 40% las emisiones contaminantes generadas durante su fabricación, según los cálculos del Parlamento Europeo. Aunque quizá el paso más importante es la gestión de los desechos: debe tenerse en cuenta la reutilización, el reciclado y el reacondicionamiento en la media de lo posible. El objetivo es reintroducir en el circuito económico ciertos residuos o ciertas partes de los mismos que todavía pueden funcionar para la elaboración de nuevos productos.

El primer laboratorio europeo de economía circular tiene sello español y abrió sus puertas a finales del mes de mayo. The Circular Lab, ubicado en Logroño e impulsado por la organización Ecoembres, centra su actividad en la investigación y el desarrollo de iniciáticas innovadoras en todas las fases del ciclo de vida de los productos. Se centra en cuatro líneas de trabajo: el ecodiseño, principalmente enfocado a los envases; la mejora de la regida y control de los residuos, la concienciación ciudadana y el fomento del emprendimiento enfocado a la sostenibilidad.

Apoyado en nuevas tecnologías como el Internet de las Cosas, el ‘big data’ o la realidad aumentada, este modelo de producción y consumo sigue abriéndose camino, especialmente en el Viejo Continente. Las instituciones europeas esperan que la transición hacia la economía circular incremente la productividad de los recursos en un 30% para el año 2030, lo que podría traducirse en un crecimiento del PIB cercano al 1% y la creación de dos millones de puestos de trabajo.

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