La Conferencia sobre el Futuro de Europa da la palabra a los ciudadanos

El presidente del Parlamento Europeo, David-Maria Sassoli, en un debate en Estrasburgo, Francia, el 18 de diciembre de 2019

El presidente del Parlamento Europeo, David-Maria Sassoli - Autor: AFP

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La firma esta semana de los cuatro presidentes de la Unión Europea (UE), el del Parlamento, el socialdemócrata italiano David Sassoli, el del Consejo, el liberal belga Charles Michel, y la de la Comisión, la conservadora alemana Ursula von der Leyen, y el de la presidencia rotatoria, el socialdemócrata portugués Antonio Costa, de una declaración para poner en marcha la Conferencia sobre el Futuro de Europa inicia un proceso que otorga la voz a los ciudadanos y en un año aproximadamente, debería llegar a conclusiones aplicables. Para David Sassoli no puede descartarse que el resultado final obligue a reformar los Tratados, aunque muchos países son ahora mismo claramente contrarios a esa posibilidad.

El debate se iniciará oficialmente el 9 de mayo y aunque todavía no está cerrada la forma definitiva del proceso si está previsto un gran debate -tanto presencialmente como por vía telemática- a escala local, regional, nacional y supranacional que impulse una nueva idea de Europa. Y una mejora en su funcionamiento. La idea propuesta inicialmente por el presidente francés Emmanuel Macron debería haber comenzado con anterioridad, y deberá estar concluido antes de las elecciones presidenciales francesas del próximo año, pero se ha retrasado a causa de la pandemia y de las diferencias para elegir un dirigente que pilotase el proceso (se propuso al liberal belga Guy Verhofstadt, rechazado por varios países dada su defensa de una Europa federal) y de hecho no existe tal figura repartiéndose entre las tres instituciones ese papel.

El proceso, por tanto, será supervisado por las instituciones comunitarias mediante un consejo ejecutivo en el que estarán representantes del Parlamento, la Comisión y el Consejo y se invitará al Comité de las Regiones y al Comité Económico y Social como observadores. Cada seis meses evaluarán el trabajo realizado junto con representantes nacionales para recopilar las ideas y propuestas que se vayan proponiendo. Los países a los que les corresponda presidir la UE en los próximos semestres -entre ellos España que lo hará en el segundo semestre de 2023- también tendrán un papel activo en ese seguimiento.

El día clave de la primera fase será el 9 de mayo, Día de Europa, cuando está previsto que se lance el gran debate desde Estrasburgo, siempre que la pandemia lo permita. Después los paneles se irán organizando de manera que estén representados todos los europeos sea cual sea su región, su género, edad, educación o nivel socioeconómico. La propuesta hace una referencia muy destacada para incorporar a los jóvenes en el debate. ¿Y qué temas se abordarán? Pues está claro que los grandes retos del futuro: cambio climático, igualdad y justicia social, inmigración, género y derechos fundamentales que en algunos de los 27 países están cuestionados como la libertad de expresión. Y, desde luego, el papel internacional de la Unión y su funcionamiento interno. En este sentido cabe recordar que la actual fórmula de gestión es demasiado lenta en muchas ocasiones. Tómese como ejemplo que el actual presidente de los EEUU, Joe Biden, tomó posesión a finales de enero y ya ha conseguido que el Senado y el Congreso aprueben un gran plan de estímulo de la economía de 1,9 billones de dólares que entrará en vigor inmediatamente. En Bruselas los presidentes de los 27 estados llegaron a un acuerdo similar en julio de 2020, el programa Next Generation EU, y a fecha de hoy todavía no se ha puesto en marcha por el complejo mecanismo interno y probablemente el dinero no empezará a llegar hasta julio o agosto de este año.

En España el presidente del Consejo Federal Español del Movimiento Europeo, el catedrático Francisco Aldecoa, estima que el debate “debe garantizar una genuina participación de los jóvenes” y que pueda incluir una reforma de los Tratados. Algunos dirigentes y ex dirigentes europeos han llegado a sugerir que se avance hacia una formulación más federal que pueda incluir, por ejemplo, la elección de un presidente de la Unión -ahora hay dos, el de la Comisión que necesita la aprobación del Parlamento y el del Consejo que eligen los dirigentes de los países- por sufragio universal. Pero esta y otras propuestas similares se encontrarán con fuertes resistencias nacionales. 

Al mismo tiempo que se firmaba la declaración Eurobarómetro hacía pública una encuesta que se desarrolló entre finales de octubre y noviembre del año pasado. La conclusión es clara: el 92% de los encuestados cree que los ciudadanos deben tener una participación más activa en el futuro de Europa. En el mismo sentido casi el 75% cree que la Conferencia será positiva y reafirman su creencia en una Europa democrática. Más de la mitad estarían dispuestos a participar en los debates siendo los más entusiastas los irlandeses (hasta un 81% están dispuestos a debatir el futuro) seguidos de belgas y luxemburgueses (lógico teniendo en cuenta que albergan la mayor parte de las instituciones comunitarias en sus territorios).

Ahora el gran reto es convertir el gran debate que se abre en mayo en una idea más eficaz de Europa.

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