Economía Digital
La identidad digital europea deja de ser un concepto de laboratorio y empieza a comportarse como infraestructura. Silenciosa, pero decisiva. En un país como España, donde casi toda la población adulta conectada ya vive a golpe de app, el salto a un monedero de credenciales interoperable en toda la UE promete un gran cambio.
Sobre todo en el onboarding, ese tramo inicial en el que hoy se pierden usuarios, ventas y tiempo. La foto de partida es clara. En 2024, el 95,8% de la población en España había usado internet y el 56,7% había comprado online en ese mismo periodo, según el INE.
Y, en paralelo, la Administración ya gestiona a escala masiva el acceso digital. El Observatorio de Administración Electrónica (OBSAE) mostraba más de 24 millones de usuarios registrados en Cl@ve en 2025, con más de 100 millones de autenticaciones totales en el periodo observado.
La base jurídica del giro es el Reglamento (UE) 2024/1183, que actualiza el marco eIDAS y da forma al llamado Marco Europeo de Identidad Digital. Entró en vigor el 20 de mayo de 2024 y sitúa a la Cartera Europea de Identidad Digital (EUDI Wallet) como pieza central para identificarse y compartir atributos (edad, titulaciones, permisos) con control del usuario.
En ese terreno de la fricción aparece un síntoma curioso, la demanda de altas sin preguntas. Sobre todo en plataformas de juego online. En España, sin embargo, el marco legal del juego de ámbito estatal se diseñó precisamente para ordenar y controlar la actividad online, con obligaciones de supervisión y protección del usuario.
Un casino sin KYC, que promete un registro con verificación reducida o inexistente, puede parecer una utopía. La paradoja, por tanto, es evidente. Cuanto más valiosa es la experiencia sin fricción, más interés hay en atajos y más necesario es que la verificación sea sencilla pero sólida. La EUDI Wallet quiere ser precisamente esa salida intermedia.
Reducir la fricción sin desmontar el control. La Comisión Europea ya lo presenta como un objetivo con fecha. Las carteras estarán disponibles a partir de 2026 y cada Estado miembro deberá ofrecer al menos una, construida con especificaciones comunes. Ese calendario encaja con el relato institucional.
La wallet es uno de los instrumentos para alcanzar la meta de la Década Digital, que aspira a que el 100% de la ciudadanía tenga acceso a una identificación electrónica segura y reconocida en toda la UE para 2030. Pero la letra europea no vive sólo de titulares.
Para que funcione igual en Madrid, Lisboa o Berlín hacen falta reglas técnicas comunes. Ahí entran los actos de ejecución. Una primera tanda se adoptó el 4 de diciembre de 2024 y una nueva ronda de reglamentos de ejecución se publicó en el Diario Oficial el 7 de mayo de 2025, con entrada en vigor veinte días después.
España no parte de cero. Tiene DNIe, certificados, Cl@ve y una cultura de autenticación que se ha extendido al día a día. Aun así, el problema que quiere atacar Bruselas es menos poder identificarse y más poder hacerlo sin fricción cuando saltas de un servicio a otro, sobre todo en el sector privado.
La economía digital se mide también en pagos. El Banco de España subrayó en su Estudio sobre hábitos en el uso del efectivo 2024 que el efectivo seguía siendo el medio de pago principal en compras físicas, aunque su uso diario se situaba en el 57% y retrocedía frente a 2023, mientras crecía el uso de dispositivos móviles.
Y, en un análisis posterior sobre pagos de consumidores, el propio Banco de España apuntó que más de la mitad de los consumidores (55%) manifestó haber usado pagos inmediatos en 2024, y que en pagos online el 51% se hizo con tarjeta, ganando peso otras soluciones electrónicas.
Ese trasfondo importa porque el onboarding suele ser el peaje para activar lo demás. Abrir cuenta, verificar titularidad, firmar consentimiento, confirmar edad o domicilio, validar un método de pago. Cuando el alta se alarga, el usuario abandona. Cuando se simplifica, crece la conversión.
Esa es la promesa de una credencial europea reutilizable. Ya verificado una vez, bajo reglas comunes, y con intercambio mínimo de datos. La identidad digital europea no compite con la seguridad. Intenta hacer que la seguridad no parezca un castigo para el usuario.
La agenda española también se ha movido en torno a un caso de uso concreto, la verificación de edad. En 2024 se popularizó el proyecto Cartera Digital Beta, una app impulsada desde el Gobierno para acreditar mayoría de edad sin exponer más datos de los necesarios, con despliegue previsto a final de verano.
En 2025, la Comisión Europea eligió a España como uno de los países para un piloto europeo de verificación de edad, encuadrándolo en el marco eIDAS2 y a la espera de certificaciones técnicas. Este enfoque conecta directamente con el diseño de la wallet europea.
No se trata de dar tu DNI por sistema, sino de compartir un atributo concreto de forma verificable. Es el tipo de interacción que puede normalizarse en sectores donde hoy el onboarding es pesado. Plataformas digitales, banca, aseguradoras, telcos o servicios con límites de edad.
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