El AMOC es un subsistema capaz de cambiar a un estado irreversible, por lo que resulta crucial para el equilibrio climático. / Henrik Egede-Lassen/Zoomedia
La investigación, coordinada por la Universidad de Padua, advierte de que el aumento de emisiones de CO₂ podría desencadenar un incremento exponencial en las tasas de deterioro de piedra y otros materiales históricos bajo el mar.
En un contexto de calentamiento global y creciente concentración de dióxido de carbono en la atmósfera, los océanos absorben parte de ese CO₂, lo que modifica su química y reduce el nivel de pH. Este proceso, conocido como acidificación oceánica, altera los equilibrios naturales y tiene efectos directos sobre estructuras compuestas por carbonato cálcico.
La investigación integra experimentos reales en entornos marinos con modelos climáticos para proyectar el deterioro de materiales históricos en escenarios futuros de mayor acidificación
El estudio, publicado en la revista científica Communications Earth & Environment, analizó la velocidad de disolución y degradación biológica de distintos materiales pétreos en ambientes marinos.
Según explicó el investigador principal, Luigi Germinario, los científicos combinaron ensayos de campo con modelos climáticos a gran escala. Los resultados muestran que, aunque en la época preindustrial la degradación era mínima y actualmente sigue siendo limitada, el aumento de emisiones podría provocar un deterioro mucho más rápido en las próximas décadas.
Los cambios previstos serían “irreversibles en las próximas décadas y siglos”, en función de las propiedades de los materiales y de la evolución de la biocolonización, es decir, el crecimiento de microorganismos en las superficies sumergidas.
Los materiales ricos en carbonato cálcico, como mármol y caliza, figuran entre los más vulnerables a la caída del pH marino
Para simular escenarios futuros, los investigadores trabajaron en la isla italiana de Ischia, donde las emisiones naturales de CO₂ procedentes del subsuelo volcánico crean condiciones de acidez similares a las previstas en modelos climáticos extremos.
El equipo sumergió paneles con muestras de distintos materiales utilizados históricamente en construcciones y esculturas. Estos paneles se colocaron en zonas con diferentes niveles de pH y concentración de CO₂.
Posteriormente, en laboratorio, los científicos emplearon un perfilómetro óptico de alta resolución para generar modelos tridimensionales de las superficies y medir con precisión la disolución y la erosión.
Las pruebas en aguas con emisiones naturales de CO₂ permiten observar cómo podrían evolucionar los yacimientos arqueológicos en escenarios de mayor acidificación.
El estudio señala que los artefactos más vulnerables son aquellos ricos en carbonato cálcico, especialmente cuando presentan alta porosidad o grano fino. Estos compuestos tienen una composición química similar a la de los corales, cuya fragilidad frente al cambio climático ya está ampliamente documentada.
Entre los enclaves que podrían verse afectados figuran el Parque Arqueológico Subacuático de Baia, en Italia, conocido por sus mosaicos y pavimentos de mármol de época romana, o el puerto romano de Egnazia, en la región de Puglia.
Los investigadores subrayan que incluso un deterioro superficial aparentemente leve puede suponer una pérdida irreversible de información histórica o artística, especialmente en esculturas, grabados y mosaicos donde los detalles minúsculos son esenciales.
El trabajo concluye que la acidificación del océano representará un desafío creciente para la conservación del patrimonio cultural submarino y que las políticas de adaptación y protección deberán reforzarse ante un fenómeno que, según las proyecciones, podría intensificarse durante las próximas décadas y siglos.
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