La crisis interna de los conservadores galos tras las elecciones europeas ha hecho que el nombre del expresidente vuelva a sonar. Las elecciones europeas han sido particularmente interesantes en Francia. Ha ganado un partido ultraderechista: el Frente Nacional de Marine Le Pen. Con uno de cada cuatro votos, aproximadamente. En segundo lugar han quedado los conservadores de la UMP. Y, en último lugar, han quedado los actuales gobernantes: el Partido Socialista de François Hollande. No han logrado ni el 15% de las papeletas.
En el Frente Nacional están de celebración y con el ánimo crecido. Es más; Le Pen busca formar un grupo parlamentario en Estrasburgo que abandere la corriente euroescéptica (aunque, para su desgracia, el popular y populista UKIP británico ya ha aclarado que no será su aliado sino su competencia). En el Partido Socialista la crisis interna ya existente y la impopularidad del propio Hollande no han hecho más que agudizarse. Y en las filas conservadoras se han sacado a relucir los cuchillos.
¿Por qué? Porque la UMP pretendía abanderar el descontento galo en lugar de que éste fuese a parar al Frente Nacional (pese a que todas las encuestas ya lo indicaban). Quedar por delante del Partido Socialista, eterno rival, siempre es motivo de satisfacción pero no así quedar en segundo lugar, y con cierta diferencia, en relación a un partido al que siempre se ha considerado minoritario. Eso es un fracaso en toda regla.
Y a ese fracaso se le une el desconcierto interno después de la polémica vinculada a una oscura historia de facturas falsas, con las que pudo financiarse una parte de la campaña presidencial de Nicolas Sarkozy en el año 2012. Tras varias semanas de tensión, tal y como informó el corresponsal de ABC en París, Juan Pedro Quiñonero, el líder de la UMP, Jean-François Copé, anunció el pasado 27 de mayo su dimisión “a partir del 15 de junio”. Dimitido Copé, buena parte de la dirección del partido conservador deberá dimitir, igualmente.
En este contexto llegaron las palabras de el exministro del Interior Brice Hortefeux, quien estima que la vuelta de Sarkozy, “que era una posibilidad”, se ha convertido ahora “en una necesidad”. De hecho, ya se rumorea que Sarkozy podría ser candidato a la presidencia de la UMP en otoño. En esta misma línea se manifestó otro pope del partido: la ex ministra de Asuntos Sociales, Nadine Morano. Esta política defendió que el expresidente “no tiene más remedio que volver” para “poner en orden a nuestra familia política”.
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