La canciller retira el apoyo a Jean-Claude Juncker, el candidato que ella misma aupó durante la campaña, mientras el mandatario francés exige que se cumpla la voluntad de las urnas. Los principales líderes europeos no se ponen de acuerdo, tras las elecciones al Parlamento Europeo del pasado fin de semana, sobre quién debe ser el próximo presidente de la Comisión Europea. François Hollande, que es socialista, ha dado su apoyo al candidato conservador, Jean-Claude Juncker. Sin embargo Angela Merkel, principal avalista de Juncker hasta el domingo, ha reculado y quiere considerar más nombres.
Esta diferencia de opiniones también tiene que ver con el propio modelo. Hollande es partidario de seguir el dictado de las urnas. Y las urnas han posicionado al Partido Popular Europeo (PPE) como el más votado de la UE al otorgarle 212 escaños (de los 751 escaños que tiene en total la cámara). Por lo tanto, argumenta el líder socialista galo, es coherente que el sustituto de José Manuel Durao Barroso sea el candidato presentado por los populares: Jean-Claude Juncker.
Sin embargo, la canciller alemana –democristiana- ha evitado por el momento mostrar su apoyo al expresidente del Eurogrupo tras conocerse el resultado de los comicios, y al ser preguntada si Juncker podría liderar el cambio que pide, entre otros, el primer ministro británico, David Cameron, ha respondido que la agenda de prioridades de la UE la «puede ejecutar él, pero también muchos otros».
Merkel se ha mostrado así en contra de los automatismos y ha recomendado a sus homólogos que «lean con cuidado» el Tratado de Lisboa que establece que el Consejo Europeo, teniendo en cuenta el resultado de las elecciones, propondrá por mayoría cualificada al presidente de la CE y que el Parlamento Europeo (PE) lo tendrá que aprobar por mayoría. «Tenemos la experiencia en el pasado de que el incumplimiento de tratados, como por ejemplo el Pacto de Estabilidad y Crecimiento (PEC), nos ha llevado al borde de la catástrofe», ha señalado.
También han mostrado recelos a que Juncker se convierta en el presidente de la Comisión el propio primer ministro británico, David Cameron, y su homólogo húngaro, Víktor Orbán, ambos procedentes de países donde el euroescepticismo y el populismo han conseguido grandes resultados.







