El semanario británico advierte a Bruselas que Putin aspira a reconquistar para Rusia los estados bálticos tras la exitosa anexión de Crimea. The Economist ha mostrado una gran dureza en las últimas semanas con el mandatario ruso, Vladimir Putin, después de que éste haya firmado la anexión a Rusia de la región ucraniana de Crimea. En uno de sus últimos artículos sobre la materia, el semanario británico ha advertido a la OTAN de las aspiraciones imperialistas del líder ruso en el Báltico.
La prestigiosa publicación, de gran influencia internacional, ha destacado que Putin podría estar planteándose la anexión de zonas de Estonia o Letonia con la intención de crear un pasillo directo hasta la región de Kaliningrado; un territorio a orillas del Báltico que pertenece a Rusia pero que se encuentra, geográficamente, aislado al encontrarse entre Lituania y Polonia.
The Economist centra su tesis en explicar que el 25% de la población de Estonia es de origen ruso, una procedencia que comparte el 27% de la población letona, donde además uno de cada cinco matrimonios es mixto. Teniendo en cuenta la justificación esgrimida por Putin en la cuestión de Crimea, donde el mandatario ha subrayado que la población quería volver a formar parte de Rusia al estar asustada por el europeísmo expresado desde el nuevo Gobierno de Ucrania, la publicación británica, que además cita las presiones que Moscú ha ejercido durante los últimos años en el Báltico a través de amenazas comerciales o ataques cibernéticos, ha pedido a la OTAN que haga algo.
Y ese “algo” es muy concreto: “Occidente debe reafirmar de manera tajante la predisposición de la OTAN a defenderse y dejar claro que todos los miembros de la alianza están completamente protegidos. Esto significa que los miembros de la OTAN deben desplazar tropas, misiles y aviones al Báltico, estableciendo que más fuerzas llegarán si se registra cualquier atisbo de agresión por parte de Putin”. The Economist apunta que Finlandia y Suecia, que no son miembros de la OTAN –a diferencia de Estonia, Letonia y Lituania-, podrían estar estudiando entrar en la alianza tras los últimos acontecimientos.
Otra de las exigencias que barajan muchos expertos consiste en un castigo ejemplar a Putin por parte de Bruselas a base de sanciones económicas. Esta petición ha sido secundada por el Ministerio de Asuntos Exteriores letón, donde una portavoz ha asegurado que “la lista de los 21 es una broma”, en alusión a las sanciones aprobadas hasta ahora por la Unión Europea, que castiga a 21 dirigentes rusos y ucranianos de Crimea vetándoles el acceso al territorio comunitario y congelando sus activos, si los tuvieran, en cualquiera de los países miembros. Esta lista, cuando sólo era una amenaza, incluía a 300 personas.
Según explicó hace unas semanas la agencia Bloomberg citando a varios analistas, la única posibilidad pacífica que tiene Europa de frenar las aspiraciones de Putin e incluso de forzarle a devolver Crimea a Ucrania consiste en detener las importaciones de gas y petróleo ruso. Estas importaciones suponen unos ingresos anuales para Moscú del entorno de los 160.000 millones de dólares y sin ese dinero el líder ruso, que ha conseguido a día de hoy batir un récord de popularidad en su país, podría comenzar a tener problemas internos.







