La última subasta de deuda del Tesoro estadounidense, de bonos a 30 años, ha encontrado dificultades para colocarse entre los inversores, con una demanda muy baja comparada con otras anteriores. El importe de la emisión alcanzó los 12.000 millones de dólares, con un cupón del 4,50%, todavía notablemente más atractivo que emisiones semejantes realizadas por países europeos.
Así, el bono a 30 años alemán paga una rentabilidad del 3,85%, y el de Reino Unido, del 3,97%, o lo que es lo mismo, un diferencial de 65 y 53 puntos básicos respectivamente por debajo de la deuda de la mayor economía del mundo.
El denominado ‘bid to cover’, ratio que mide la demanda al comparar la oferta real con los títulos ofrecidos, de la última subasta fue de 2,37 puntos, frente a los 2,97 de la colocación de septiembre y de los 2,42 de la media de las 10 últimas. Las ingentes emisiones de deuda pública de EEUU desde que se inició la crisis cada vez despiertan menos interés, en medio del debate sobre la necesidad de que otra moneda ocupe el lugar del dólar como divisa de referencia y ante las emisiones, también en dólares, de los Estados europeos.
El poco entusiasmo por comprar la deuda estadounidense se refleja claramente en los inversores internacionales, tales como los bancos centrales extranjeros. En esta última subasta, apenas compraron un 34,5% de los bonos, frente al 46,5% de la subasta anterior y a la media del 45,36% de las últimas cinco subastas. En las últimas semanas, el Departamento del Tesoro ya había sacado al mercado dos emisiones de bonos a 10 años por valor de 7.000 millones y 20.000 millones de dólares cada una, y otra de deuda con vencimiento a tres años por 39.000 millones de dólares.
Desde que comenzó la crisis, los principales países han anegado los mercados de deuda pública con sus subastas de bonos, destinadas a financiar los costosos planes de estímulo económico, así como los rescates de los sectores financieros. El fenómeno no es exclusivo de EEUU. En Europa, el aluvión de deuda ha llevado al Ecofin a discutir sobre la posibilidad de crear un mecanismo que coordine las nuevas emisiones de deuda pública de los países miembros.
Una especie de mecanismo sustitutivo de la posibilidad, descartada en principio, de que fuera una agencia multilateral respaldada por toda la eurozona la que realizara algunas colocaciones concretas. No será así finalmente, pero urge encontrar una solución tras el anuncio realizado por el presidente francés, Nicolas Sarkozy, de que se mantendrán los planes de estímulo sin aumentar los impuestos. Una clara indicación al mercado de que, en los próximos meses lloverán bonos del Estado francés que, con toda seguridad, no serán los únicos.
El mecanismo es un eufemismo que hace referencia a la necesidad de los grandes países de la eurozona de ordenar o coordinar mínimamente su petición de recursos al mercado ante la cada vez más urgente necesidad de realizar macroemisiones de deuda pública y el intento de impedir que el previsible aumento de los costes financieros que soportarán los Estados emisores supere los límites de lo tolerable.
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