La fórmula elegida por la ‘troika’ para rescatar Chipre, que incluye la quiebra de un banco y la decisión de que los depositantes con más posibles, accionistas y bonistas paguen un alto precio, puede beneficiar a los bancos estadounidenses, según algunos analistas.
La sombra de los corralitos y otras vicisitudes que pueden acechar a unas entidades financieras cuyo completo saneamiento aún es puesto en duda por muchos expertos puede convertirse en un filón para las grandes compañías estadounidenses.
Lo mismo que sucedió con Latinoamérica tras la crisis de la deuda Argentina de finales de 2001XX. Uno de los primeros gestores financieros en posicionarse de esta forma ha sido Dick Bove, el mediático responsable de Rafferty Capital que ha pronosticado en la CNBC un aluvión de fugas de capitales que abandonarán el Viejo Continente con dirección a EEUU.
Evidentemente, si esta circunstancia se produjese, la crisis, en opinión de muchos analistas, consultados por varias páginas especializadas, aún se agravaría más.
Los bancos de Grecia, España, Italia, Portugal y Francia, aparecen en las quinielas como las víctimas más probables de esta tendencia. Un proceso que, según Bove, ya se habría desarrollado en distintas fases y que se acelerará ahora sí o sí.
La desprotección de los depositantes y de los tenedores de deuda senior que se ha producido en Chipre y podría generalizarse es una indicación clara para las grandes fortunas de que Europa ya no es un lugar seguro para su dinero.
Otros analistas, consultados por Dow Jones, consideran que, a medio plazo, los bancos europeos van a volver a tener problemas para financiarse. Lo que puede obligar al BCE a seguir aumentando su riesgo y provocar una nueva tanda de ‘rescates’ financieros que hasta podría implicar a algún banco alemán.






