Italia ha desconcertado a Europa. La victoria –fue la tercera fuerza política más votada, pero las dos primeras eran coaliciones aglutinantes de varios partidos- del Movimiento Cinco Estrellas, símbolo de los ‘indignados’ italianos, en las elecciones del pasado lunes ha supuesto un duro golpe para los planes que Angela Merkel tiene en mente para Europa.
Beppe Grillo, el cómico que lidera la corriente de la ‘indignación’ ciudadana, ha esgrimido en todo momento un discurso centrado en la ecología, la solidaridad social entre italianos y la animadversión hacia el euro y hacia el proyecto europeo en general. Con estas premisas ha logrado posicionar a 150 diputados en el Parlamento y se ha convertido en aquel al que las dos grandes coaliciones –los socialistas de Bersani y los conservadores de Berlusconi- deben acudir si quieren gobernar el país.
Esto puede suponer un revés histórico para Merkel, que a pesar de las dificultades arrojadas por la crisis ha logrado que Grecia siga gobernada por unos líderes afines a su hoja de ruta tras casi tres años de austeridad radical en el país mediterráneo. Además, Italia no es Grecia en términos cuantitativos: es la tercera economía más grande de la zona del euro y un gobierno contrario a sus políticas podría poner en graves problemas la cohesión europea mantenida, hasta ahora, a duras penas.
Aunque al Movimiento Cinco Estrellas se le ha denominado el 15M italiano, hay ciertos matices que conviene mencionar. En primer lugar, y tal y como se ha explicado más arriba, esta corriente tiene un líder claro y definido. En segundo lugar, aunque el movimiento tiende a ser asociado con la izquierda, en realidad aglutina bajo sus siglas a gente de toda ideología y condición. Desde personas de clase acomodada con estudios otrora votantes de Berlusconi hasta gente que simpatiza con la figura de Benito Mussolini o se declarada directamente fascista.
Grillo comenzó con su proyecto político a comienzos de la crisis financiera. Hace tres años apenas contaba con una bitácora, su fama relativa como cómico nacional y un enfado importante en el cuerpo. Ahora ha conseguido que hasta el posible próximo canciller alemán, el socialista Peer Steinbrueck, le haya tildado de «payaso» ante los medios de comunicación.






