Angela Merkel acudió hace unos meses a Bruselas para negociar las capacidades que tendrá el nuevo regulador bancario europeo. La canciller alemana abandonó la ciudad belga con dos logros: el supervisor sólo vigilará a los grandes bancos alemanes y sus pesquisas comenzarán a partir del 2014. Gracias a esta gestión, sus cajas podrán evitar llevar a cabo despidos masivos como ya sucede en otros países como España.
Así se lo ha dicho a Bloomberg Georg Fahrenschon, presidente de una asociación que aglutina a 423 instituciones financieras alemanas. Las cajas de ahorro del país centroeuropeo emplean a unas 250.000 personas, y por el momento esos puestos no se van a tocar. Además, Fahrenschon ha aprovechado para lanzar un mensaje a esos grandes bancos alemanes –en la mente de todos hay dos nombres: Deutsche Bank y Commerzbank- que sí van a tener que sufrir las visitas del regulador: «Los bancos necesitan volver a centrarse en sus funciones básicas».
Lo que Fahrenschon quiere decir es que las instituciones financieras deben volver a sus orígenes. Acumular depósitos y conceder créditos a la industria, más o menos. En su opinión, los tiempos que corren no son los idóneos para estar «realizando inversiones en los mercados internacionales y cerrando trasferencias de fondos a filiales en el extranjero». Tanto el Commerzbank como el Deutsche Bank han sufrido pérdidas en los últimos tiempos por culpa de su exposición a la crisis de la deuda europea.
No obstante Michael Lewis, un antiguo un antiguo ‘broker’ del banco de inversión ya desaparecido Salomon Brothers que actualmente colabora para diversas publicaciones estadounidenses (Vanity Fair, la agencia financiera Bloomberg y el diario The New York Times), ha expuesto en un libro llamado «Boomerang» que todos los bancos alemanes, y no sólo los más grandes, «acabaron contándose entre los más afectados de la Europa continental y eso pese a unas condiciones económicas relativamente favorables».
Sea como fuere, mientras Alemania logra proteger a ese cuarto de millón de personas, en España las cajas rescatadas se han visto en la obligación de reducir hasta en un tercio sus plantillas. Por ejemplo, Bankia, que cuenta con unos 20.000 empleados, debe deshacerse de 6.000 personas (unas 4.500 serán despedidas directamente). Novagalicia, por su parte, tendrá que desprenderse de 1.850 personas de una base laboral que ronda las 6.000 personas.






