A la eventual fusión de la europea EADS y la británica BAE Systems cada vez le salen más peros. Ahora, los gabinetes del presidente francés François Hollande y la canciller alemana Angela Merkel no se ponen de acuerdo sobre en territorio de quién debería estar la sede del futuro gigante de la aviación. Un punto fundamental para avanzar en las negociaciones.
Francia, siempre según fuentes cercanas al proceso citadas por Reuters quiere que las oficinas centrales del futuro grupo se instalen en Toulouse, la ciudad en la que ya se ubican los cuarteles generales de Airbus, filial de aviación civil del grupo europeo. Mientras tanto, Alemania quiere llevarse la sede del futuro gigante a Ottobrunn, la ciudad al sur de Múnich donde EADS tiene su sede operativa en el país. Y lo peor de todo, que según la agencia de comunicación las posturas no se acercan.
Las mismas fuentes destacan que ninguno de los dos países y socios de referencia de EADS están dispuestos a ceder posiciones ni en el accionariado ni en el actual mapa de distribución de las plantas de la compañía. Tan pronto como saltó la noticia de la posible fusión para plantar cara a la estadounidense Boeing representantes políticos y económicos de ambas naciones se apresuraron a decir que antes de dar su visto bueno a la operación la examinarían puntillosamente.
Unas disputas que, si bien se espera que terminen por solucionarse para dar pie a la operación, ya han tenido varias previas en discusiones por la presidencia de la europea y también por las líneas de producción destinadas a las plantas de cada uno de los dos países. Tal es así que el Gobierno alemán de Angela Merkel anunció hace unos meses que estaría dispuesto a comprarle a Daimler, la fabricante de automóviles germana, parte de su participación en la cotizada con tal de que ésta no recayese en manos no alemanas.
Ajenas a estas disputas, las acciones de EADS y BAE remontaban este martes entre un 2% y un 3% en los parqués de la Eurozona y Londres, respectivamente. Su mejor sesión desde que se anunciaron los planes de fusión, cuando ambas cedieron más de un 10%, y Francia, con la ayuda del grupo editorial Lagardère, y Alemania, con Daimler, se lanzaran a criticar cada uno de los puntos de la primera hoja de ruta diseñada para la integración.







