A lo largo de la crisis financiera que se inició en 2008, el continente asiático fue un territorio aparentemente blindado, con la excepción de Japón, de las caídas y los estragos que el golpe supuso para los mercados financieros. Ya no es así y los bancos de inversión empiezan a notarlo.
Desde el último trimestre de 2011 empezaron a apreciarse los primeros signos de una desaceleración sostenida que ha arruinado los buenos negocios que las entidades financieras especializadas en la intermediación bursátil hacían en Asia. Los despidos no han tardado en llegar.
En el último tramo del pasado ejercicio las reestructuraciones de plantilla emprendidas en esta área por las principales compañías del sector contabilizaron un 8% del total de los puestos de trabajo destruidos. En lo que va de año, la cifra ya se eleva al 18% y puede aumentar.
Según algunos expertos consultado por la agencia Dow Jones, Asia sufriría ahora la sacudida de una tormenta global sobre la inversión financiera que conllevará un ajuste por la sobrecapacidad desarrollada en los años de la burbuja. Un recorte de plantilla que previamente ya se ha efectuado en otras localizaciones.







