Internacional

Evo Morales también ataca a una empresa española para superar la caída de su popularidad

El presidente de Bolivia, Evo Morales, aprovechó la celebración del 1 de mayo (día mundial del Trabajo) para anunciar la nacionalización de Transportadora de Redes, la filial de Red Eléctrica en Bolivia. Se trata del segundo ataque contra intereses españoles realizado por un Gobierno latinoamericano en quince, tras el realizada por Argentina sobre YPF. Y ambos tienen raíces comunes, según los expertos: son calculadas estrategias de exaltación nacionalista lanzadas como cortinas de humo por gobernantes que tratan de superar el creciente rechazo a sus políticas de las clases populares.

El anuncio realizado por Evo se produjo poco antes de aprobar una subida del salario mínimo del 8% que no frenará las movilizaciones en su contra de sindicalistas e indígenas, buena parte de su base electoral. El sindicato mayoritario la Central Obrera Boliviana (COB) y toda una suerte de colectivos, desde médicos a pueblos indígenas, que condujeron a Evo a sus victorias electorales rechazan el porcentaje, que ven demasiado corto, y empiezan a darle la espalda al político en el que habían confiado hasta ahora, porque la redistribución de riqueza prometida no acaba de materializarse.

Ahora, los asesores del mandatario esperan que el mensaje de que Bolivia quiere recuperar la soberanía de sus recursos energéticos cale, como creen que ha sucedido en la Argentina de Cristina Kirchner tras la expropiación de Repsol. El motivo, aducido, la falta de inversión, funciona también en este caso como la búsqueda de un chivo expiatorio para problemas, como los cortes de electricidad que son estructurales y endémicos en Bolivia y a los que el Gobierno no ha sabido dar solución.

Quizá, sin el golpe de mano contra Repsol propiciada por Cristina F. de Kirchner, Evo Morales no hubiera preparado su nacionalización a la medida. O quizá sí. Sus intentos de revitalizar el conflicto histórico de la salida al mar con Chile en los últimos meses no habían calado esta vez en el ánimo de unas clases populares bolivianas cada vez más alejadas de él. Pero quizá las diatribas contra el colonialismo español sí tengan éxito.

Aunque Evo siempre podría dar marcha atrás. Lo hizo, por ejemplo, con Repsol y Petrobras, empresas con las que ahora su Gobierno mantienen una buena relación, más que cordial, y a las que, sin embargo, hace pocos años también arrebato algunas concesiones con el funcionamiento del aparato propagandístico a plena potencia. Estrategia que incluye siempre, como ha vuelto a pasar que sea el Ejército el encargado de tomar el control de las instalaciones más visibles de las empresas nacionalizadas.

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