No hay nada que vaya tan mal que no pueda ir aún peor. Algo así fue lo que dijo el ingeniero aeronáutico Edward Murphy, que creó la famosa Ley de Murphy. Y un pensamiento parecido a éste es el que posiblemente rondará en estos momentos por la cabeza de la canciller alemana, Angela Merkel. Porque uno de sus paladines, Axel Weber, actual presidente del Bundesbank y hasta ayer principal sucesor de Jean-Claude Trichet al frente del Banco Central Europeo (BCE), ha dicho que tira la toalla y que se pasa al sector privado trastocando de esta manera la ya de por sí maltrecha popularidad de la canciller alemana y dejando en evidencia, de paso, a su homólogo francés; Nicolas Sarkozy.
El nuevo destino de Weber sería el Deutsche Bank. Estas son, al menos, las informaciones que aparecían esta mañana en algunos medios de comunicación como el prestigioso The Wall Street Journal, que titulaba su crónica sobre este inesperado golpe a Berlín de la siguiente manera: “Próximo paso para Weber. ¿El Deutsche?”, en una clara alusión al principal banco de Alemania por capitalización bursátil y una de las entidades más dañadas por la crisis de deuda europea, según diversos expertos.
La prensa alemana, además, decidió ponerse del lado de Weber y cargar contra Berlín. Las informaciones de medios germanos como el Frankfurter Allgemeine Zeitung o el Sueddeutsche Zeitung señalaban que la marcha del presidente del Bundesbank respondía al escaso apoyo gubernamental recibido. Al Gobierno que preside Merkel estas declaraciones le han pillado de sorpresa, y desde luego no ayudan en absoluto a mejorar la imagen política de la canciller y su partido, los democristianos de la CDU, que este año encaran varias elecciones regionales con una tasa de popularidad bajo mínimos.
Weber, que declinó hacer comentarios ayer, hoy ha anunciado al mediodía que su futuro será examinado “en cooperación con Merkel”. Los periódicos teutones aseguran que la canciller ha disuadido al consejero del BCE de anunciar su decisión para ganar así tiempo y poder organizar su sucesión, aunque fuentes cercanas al Gobierno alemán consultadas por los dos diarios anteriormente citados han aclarado que “no se puede cambiar de caballo en mitad de la carrera”.
No sólo en Berlín parecen encontrarse sorprendidos. En París, Nicolas Sarkozy también se encuentra fuera de juego. A falta de que se haga oficial, la renuncia de Weber trastoca de forma severa el pacto que mantenían hasta ahora Francia y Alemania, mediante el cual la presidencia del BCE se alternaría entre un francés y un alemán. Para mantener todo bajo control y en (casi) perfecta armonía. Por eso, cuando Trichet abandone el cargo el próximo mes de octubre, tendría que ser Weber el que subiese a la palestra. Sin embargo, desde ayer las informaciones apuntan a otro candidato: el gobernador del Banco de Italia, Mario Dragui.
Además de dejar en evidencia el pacto entre galos y teutones, el hecho de que Weber, que prometía una política de ‘mano dura’ con los países más débiles de la zona al apostar por una subida de los tipos de interés y no mostrar demasiado interés por la supervisión bancaria (los bancos alemanes y franceses son los más expuestos a las deudas más frágiles de la región), no vaya a tomar las riendas del BCE podría poner en ciertas dificultades las aspiraciones de Berlín y París de amoldar a su gusto el Fondo de Rescate Europeo (EFSF, por sus siglas en inglés) y la polémica que existe en torno a cómo tratar la crisis que lleva más de doce meses afectando a las economías del Viejo Continente.
Precisamente, y en este adverso contexto, el presidente del Consejo Europeo, Herman Van Rompuy, ha convocado a los líderes de los 17 países que integran el euro para que se reúnan en Bruselas el próximo 11 de marzo por la tarde. El encuentro tenía previsto ser convocado dos días más tarde, el 13 de marzo, pero según fuentes cercanas a los ministros de Finanzas de algunos de estos países, uno de los integrantes se opuso y pidió una reunión más pronto.
Todo parece indicar que este encuentro tiene como objetivo perfilar ya el modelo que seguirá el nuevo Fondo de Rescate Europeo (EFSF, por sus siglas en inglés) antes de presentarlo en sociedad a finales de marzo, cuando tendrá lugar el encuentro de los líderes de toda la Unión Europeo (UE). A algunos países ajenos al euro, como Polonia, les ha sentado mal esta reunión paralela.
Mientras todo esto tiene lugar en el ‘triángulo de las Bermudas’ europeo (París, Berlín y Bruselas), Weber ha decidido ‘fugarse’ temporalmente a Viena, en donde ha participado en unas conferencias organizadas por la Cámara de Comercio de la capital austríaca. No obstante, y como era de esperar, el presidente del Bundesbank ha tenido que hacer frente a la polémica que surgió ayer sobre su sucesión y ha tenido que contestar al informe que ha publicado hoy la publicación oficial del BCE.
En él se asegura que hay riesgos inflacionistas, pero que ésta no superará el 2% en los próximos dos años. Unas previsiones que Weber, claro, se ha tomado con la pertinente cautela.
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