Las grandes petroleras de EEUU y Europa han comenzado a reducir su exposición a Argentina. BP, que busca recaudar fondos para afrontar el derrame en el Golfo de México, es el último ejemplo, aunque otras como Exxon Mobil o Repsol también quieren desinvertir en el país latinoamericano. El mapa se reconfigura y tanto los empresarios locales como los gigantes estatales de las nuevas potencias emergentes, entre ellas China o Brasil, empiezan a tomar posiciones en el hueco que dejan sus competidoras.
El Gobierno de Cristina Fernández aplica unos duros impuestos a las exportaciones de petróleo y gas e impone unos precios máximos a los hidrocarburos con el fin de asegurar energía barata al mercado interno. Estas políticas han estimulado artificialmente la demanda y, al mismo tiempo, han acabado con los incentivos para que las compañías petroleras internacionales inviertan en exploración y producción. El resultado es la escasez crónica de combustibles durante los meses de invierno.
En este escenario, compañías como Repsol quieren reducir su participación en el país. La compañía española planea vender acciones de YPF hasta conservar tan sólo el 51% del capital, para centrarse en otros mercados, como Brasil. La petrolera controla aproximadamente una participación del 84% y un 15% está en manos del empresario argentino Enrique Eskenazi. El magnate tiene, además, una opción que vence en 2012 para adquirir a Repsol un 10% adicional de YPF.
El mapa petrolero de la Argentina está en plena etapa de cambios. BP anunció este fin de semana la venta de su participación del 60% en Pan American Energy, la segunda petrolera más grande de Argentina, a su socio Bridas, una joint venture de la china Cnooc y Bridas Energy Holding. El precio de la operación asciende a 7.060 millones de dólares.
Según la prensa local, Exxon Mobil también está buscando vender su filial Esso, que controla cientos de estaciones de servicio y de refinería. La compañía estadounidense estudió desprenderse de estos activos a principios de 2008 tras recibir varias ofertas, pero no llegó a ningún acuerdo. Entre los posibles compradores se especula con Petrobras o Pan American Energy, aunque por el momento, ambas compañías han descartado esta posibilidad.
El mayor control de los empresarios locales encaja con los deseos de Cristina Fernández para que el Gobierno ejerza un mayor control en las industrias clave tras la oleada de privatizaciones en la década de 1990, en la que muchas empresas estatales pasaron a estar en manos de inversores extranjeros.
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