La reunión que tendrá lugar el próximo fin de semana en Toronto enfrentará a los dos pesos pesados de la crisis: EEUU y Alemania. El primero tratará de fomentar la prudencia en las medidas de ajuste europeas además de promover el estímulo para evitar una nueva recesión global. El país que gobierna Angela Merkel, sin embargo, se mantiene firme en su actitud de no impulsar el crecimiento del euro para mantener así su tasa de exportaciones.
La historia se repite. EEUU tratará de fijar, esta vez ante el G-20, las pautas a seguir para la salida definitiva de la crisis. Al parecer, las autoridades estadounidenses pretenden moderar en Toronto la brusquedad de algunas medidas de ajuste, que podrían volver a traer la recesión económica a ambos lados del Atlántico cuando apenas se ha perdido de vista, según escribe The Wall Street Journal. Al otro lado de la mesa se sentará Alemania, que se niega a estimular el euro para así proteger su demanda externa, principal motor económico del país.
Hace unas semanas fue Timothy Geithner, el secretario del Tesoro de EEUU, el encargado de pedir a Europa una mayor transparencia en el sector bancario. Esta semana será su superior, el presidente de EEUU, Barack Obama, el encargado de pedir que no se deje de lado el estímulo del crecimiento económico por varias potencias europeas. Estas medidas, tan necesarias como bienvenidas -así lo atestigua la llamada de Obama a La Moncloa-, deberían imponerse con cautela, podrían ser contraproducentes, tal y como lo ven en Washington D.C.
El peligro que percibe la administración Obama es, en cierta medida, lógico: un retorno a la recesión, tal y como sucedió en la década de los años 30, cuando tras el ‘crack del 29’ la administración del entonces presidente del país, Herbert Hoover, forzó con una serie de medidas fiscales una vuelta a la recesión que sólo se solucionó en 1940 con la guerra. Quitándole el añadido bélico, el asunto podría pintar parecido.
Al principio ningún Gobierno quería anunciar medidas de ajuste, pero la crisis helena cambió la situación. En pocas semanas las autoridades de Portugal, España, Francia y el Reino Unido han apostado por reformas fiscales de carácter histórico.
El parón de gasto europeo se ha visto apoyado por una política económica similar en China, el mercado emergente más atractivo y potente del globo. El Gobierno de Pekín teme que un estímulo continuado pueda fomentar el surgimiento de burbujas económicas difíciles de combatir posteriormente. De hecho, los planes de las autoridades del gigante asiático pasan por anunciar una flexibilización de su moneda, el yuan, este sábado en Toronto. Con todos estos factores, es comprensible la preocupación de EEUU, que ve cómo su crecimiento económico puede verse afectado negativamente por esta nueva actitud ahorrativa emergente.
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