La pérdida de pasaporte europeo para los bancos internacionales con filiales domiciliadas en Londres podría provocar una masiva huida de fondos cuando llegue el Brexit. El Brexit ha puesto en peligro la continuidad de Londres como motor financiero del Viejo Continente. Los analistas consideran que con tal de evitar este desenlace, Reino Unido podría llegar a plantearse una vuelta de tuerca para la regulación vigente en los paraísos fiscales que son algunas de sus islas del Canal de la Mancha.
Un reciente informe de Credit Suisse al respecto del impacto del Brexit en los grandes nodos financieros de Europa incide en esta cuestión. El banco de inversión considera que la pérdida de pasaporte europeo para las entidades suizas radicadas en suelo británico podría fomentar una suerte de estampida hacia otros núcleos. Una situación ante la que no descarta que Reino Unido pueda “tener la tentación” de buscar ventajas específicas “vis a vis”.
Entre el elenco de maniobras que Londres podría desplegar para evitar esta huida de entidades internacionales apunta precisamente a una “desregulación específica en banca privada” que podría pasar por puntos como los fondos fiduciarios de las Islas del Canal. Una iniciativa que, sin embargo, a la analista Christine Schmid, responsable de Análisis de Renta Variable Global y Crédito de Credit Suisse, se le antoja “limitada” ante otras cuestiones más amplias como el intercambio automático de información bancaria.
La experta va más allá al afirmar que “Suiza y sus bancos son atractivos para los profesionales del sector financiero” y lo serán aún más en caso de que el Brexit sea solo el primer verso suelto de una mayor “disolución” de la Unión Europea conocida hasta hoy. En caso de que este último escenario tuviese lugar, Schmid no duda de que pronto se produciría un considerable “aumento en las entradas” de capitales hacia fondos de gestión radicados en el país alpino, que sigue contando con “sus puntos fuertes tradicionales” ante el cambiante mapa de relaciones de sus vecinos.
A pesar de estos buenos augurios, desde Credit Suisse se reconoce que es necesario que la República Helvética apueste por “enfatizar” la regulación vigente en el sector porque “las normas más estrictas son más atractivas para los clientes privados en el negocio de gestión de activos”. Una cuestión que pasa por refuerzo de capitales pero que con una tasa de mora de solo el 0,5% en el sistema financiero nacional no parece problema, antes bien se yergue “con mucho” como la envidia de Europa y especialmente de los países periféricos que, como es el caso de Italia, siguen buscando fórmulas para sanear sus -en ocasiones quebradizas- entidades bancarias.
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