Islandia se aleja del euro y coquetea con el dólar canadiense

El Gobierno de Islandia estaría estudiando adoptar el dólar canadiense como divisa propia mientras se aleja cada vez más del euro, una moneda a la que tanteó durante un tiempo antes de que estallase la crisis de deuda soberana.

Es la lectura que se traduce de los últimos acontecimientos. Por un lado, hay una fuerte presión desde Gran Bretaña para que Bruselas pare de enviar 800 millones de libras (unos 955 millones de euros) a la isla del Atlántico después de que ésta no haya querido pagar las deudas que contrajeron las entidades del país.

Ese dinero procede de unos fondos que establece la Unión Europea (UE) para ayudar a los países que tengan intención de entrar a formar parte de los Veintisiete a erradicar su pobreza mediante una serie de medidas estructurales.

Y por otra parte, el embajador de Canadá en Islandia lleva varias semanas tratando de poner en dominio público la buena disposición de su país para aceptar que la pequeña isla adopte su moneda.

Alan Bones, embajador canadiense en Reykjavík, comentó recientemente en una entrevista radiofónica que su país está dispuesto a «discutir el asunto si Islandia formula la solicitud».

Luego se supo que Bones iba a volver a tocar el tema en un mítin organizado por el Partido Socialista islandés (principal partido de la oposición) pero el Gobierno de Canadá le ordenó que no lo hiciese al ser un tema de carácter soberano que no debía ser tratado en un evento meramente político.

En ese sentido, el Ministerio de Exteriores canadiense aclaró ante las preguntas de diversos medios de comunicación que la posición oficial de su Gobierno era la siguiente: «Canadá no realiza comentarios públicos sobre las divisas de otros países». Añadiendo, además, que éste «es un asunto del gobierno y del pueblo islandés».

El banco central canadiense, por su parte, evitó pronunciarse y remitió las preguntas al Departamento de Finanzas, que tampoco ha aportado nuevos datos.

Sigmundur Gunnlaugsson, el líder de los socialistas islandeses, explicó que «simplemente intentaban generar un debate sobre las varias posibilidades de las que dispone Islandia». Por su parte, el ministro de Exteriores islandés, Ossur Skarphedinsson, aclaró estar «a favor de discutir las alternativas que podamos tener a la corona».

La idea de adoptar el dólar canadiense se remonta al año pasado, cuando un grupo de importantes empresarios islandeses se la plantearon al embajador Bones. El problema de Islandia es que es una nación con una población semejante a la de Carabanchel y de todos los países que tienen una divisa propia es el más pequeño.

Tras el desastre de 2008, cuando los grandes bancos de Islandia quebraron, las transacciones en el mercado de divisas de este país están limitadas a un máximo de 350.000 coronas (2.111,40 euros). Esto dificulta enormemente que Islandia pueda atraer inversión extranjera, ya que los beneficios obtenidos en el país difícilmente pueden transferirse al extranjero.