Estos días se ha abierto un debate en EEUU, presente desde hace varios años, pero no candente en la opinión pública: cómo ejecutar seres humanos. El estado de Utah, al sureste de EEUU, ha aprobado una ley para que puedan llevarse a cabo ejecuciones mediante el “pelotón de fusilamiento”. El pasado martes, el Senado la aprobaba con amplio voto, después de pasar por la Cámara de Representantes del Estado por la mínima. Solo hace falta la firma de Gary Herbert, gobernador republicano, para que entre en vigor.
Fue en 2010 la última vez que se ejecutó a alguien mediante esta práctica. Ronnie Lee Gardner, de 49 años, había elegido morir fusilado después de pasar 25 años en el corredor de la muerte. Su fusilamiento fue el primero desde hacía 14 años, “supongo que por mi herencia mormona (…) Me gusta el fusilamiento, es mucho más fácil… Y no hay fallos.”, alegó Gardner.
Solo otras dos personas han sido fusiladas en EEUU. Desde que el Tribunal Supremo reinstauró la pena de muerte en el 1976 todos los fusilamientos han sido en Utah. John Albert Taylor, fallecido en el 1977, decidió morir así para avergonzar a las autoridades, que hacía un año habían vuelto a aprobar la pena capital.
En EEUU hay posturas muy contrarias con respecto a la pena de muerte. Pero en este caso, Gardner lo representa muy bien con sus declaraciones y Taylor con su desafío a las autoridades: ¿cuál es el mejor método para ejecutar seres humanos? Este es el debate abierto en Utah. Hace varios años, en Oklahoma, un preso agonizó cuarenta minutos después de que se le inyectara la anestesia y en Arizona, otra persona pasó dos horas entre la vida y la muerte debido a un fallo con el sustitutivo (Nembutal) que se utiliza en lugar del barbitúrico anterior.
Esta medida se da en medio de la polémica propulsada por la industria farmacéutica, que desde hace tiempo se niega a proporcionar la inyección letal a las cárceles, por la prohibición para exportar uno de los componentes de la anestesia. Las autoridades penitenciarias son conscientes de que la sustitución del Penthotal por el Nembutal, una de las tres sustancias que se inyectan para la ejecución, es la causante de la tardanza de los presos en morir. Este barbitúrico fue prohibido en EEUU y sustituido por un anestésico con baja potencia, normalmente utilizado con pacientes de epilepsia.
Ralph Dellapiana, director de Ciudadanos de Utah por Alternativas a la Pena de Muerte, afirma que esta ley es “un paso atrás (…) una reliquia fruto de un pasado bárbaro”. La lógica de Dellapiana y lo que otro sector de los estadounidenses se preguntan es por qué sigue siendo este el debate, cuando “se debería debatir si se debe ejecutar presos, no como hacerlo”.
En cualquier caso, la imagen de un fusilamiento oficial es desoladora: una habitación de seis metros por siete con cinco verdugos armados detrás de un cristal antibalas. El condenado permanece sentado en una silla con la cabeza cubierta y una diana en el pecho.
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Utah se plantea volver al fusilamiento como pena capital
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