La Comisión Europea ha comenzado a vigilar más estrechamente y a penalizar la distorsión de la libre competencia que han traído consigo los programas de ‘seminacionalización’ de los bancos. Tras la división de ING, RBS podría ser el siguiente en pasar por caja.
Royal Bank of Scotland (RBS), controlado por el Estado británico, ha reconocido hoy que la UE podría forzarle a vender más activos de los que pensaban. El acuerdo con Bruselas incluirá “algunas desinversiones inicialmente no contempladas”, ha señalado la entidad británica en un comunicado. RBS, que se desplomaba un 13% en la Bolsa de Londres, podría verse obligado a deshacerse de sus divisiones de seguros Churchill, Direct Line y Green Flag, entre otros, tras haber recibido 20.000 millones de libras del Estado en 2008.
El pasado enero, el consejero delegado de la entidad, Stephen Hester, se echó a tras en su intención de vender los negocios aseguradores tras no llegar a un acuerdo económico con los potenciales compradores. A la presión de la UE se unen las propias intenciones del Gobierno británico. Ayer mismo, el ministro de Economía, Alistair Darling, anunció que con la venta de activos de los bancos rescatados con dinero público (el propio RBS, Lloyds y Northern Rock), el Ejecutivo creará tres nuevos bancos comerciales en los próximos tres o cuatro años.
Aunque en un primer momento de pánico todos los Estados aprobaron sus respectivos planes de rescate con el visto bueno de la UE, ahora que lo peor de la crisis parece quedar atrás, Bruselas empieza a recelar de las inyecciones de capital que ha realizado cada Gobierno en los bancos, especialmente en los que operan en diferentes países, y exige severas reestructuraciones de sus balances. La semana pasada ya se vivió el primer ejemplo con el holandés ING, que se ha visto obligado a dividirse en dos, concentrándose en el negocio bancario y deshaciéndose de sus negocios de seguros.
Esta transformación se había pactado con la Comisión Europea tras la investigación en profundidad abierta el pasado septiembre por las ayudas recibidas por el banco, que alcanzaron los 10.000 millones de euros. Ahora, el punto de mira se dirige hacia bancos como el británico Lloyds o el belga KBC, que podrían verse obligados a una reestructuración similar. No obstante, Lloyds señalaba la semana pasada que confiaba en que “los términos finales del plan de reestructuración, incluyendo las ventas de activos, no tengan impacto en el grupo”.
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Bruselas comienza a ‘castigar’ a los bancos nacionalizados
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