Iberdrola
La escasez de lluvias que sufre España en este 2017 está rebajando la disponibilidad de agua embalsamada para la generación eléctrica a niveles preocupantes, como alertan las cifras publicadas esta mañana por Iberdrola. La producción hidroeléctrica de la compañía cayó un 56,8% en la primera mitad del año, hasta los 5.291 GWh, desde los 12.245 GWh registrados en el mismo período del ejercicio anterior. El problema se agravó de abril a junio: “el segundo trimestre ha sido el más seco en generación hidroeléctrica registrado”, ha señalado durante la presentación de resultados el presidente de la compañía, Ignacio Galán.
Se ha pasado de un año especialmente bueno para esta tecnología, con récord de pluviosidad, a un período de condiciones climáticas muy adversas, un giro que explica ese pronunciado desplome del desempeño de la hidráulica.
A 30 de junio, las reservas hidroeléctricas de Iberdrola en nuestro país se situaban en 4.267,8 GWh, lo que se traduce en un grado de llenado de los embalses del 38%. El dato es alarmante, sobre todo si se tiene en cuenta que queda prácticamente todo un verano por delante.
Los datos de Iberdrola se pueden extrapolar a la situación general de la energía hidroeléctrica en España. Según Red Eléctrica, la producción eléctrica a partir del agua alcanzó en junio los 1.669 GWh, un 46,3% menos que en el mismo mes de 2016, y en el primer semestre del año acumuló una caída del 51,7% respecto al mismo período del ejercicio pasado.
En cuanto a la participación de la tecnología en la generación eléctrica global peninsular, registró el mes pasa una cuota del 7,5%, frente al 15,1% de la producción total que acaparó en junio de 2016. La evolución de la hidroeléctrica es inversamente proporcional a la del carbón: hace un año, se producía a partir de este combustible el 10,6% de la energía, mientras que en junio su participación subió al 20,6%.
Como revela el informe de Iberdrola, la caída de la hidráulica y el resto de renovables (la eólica registró un descenso del 12%) ha disparado un 68% la producción térmica, que desprende gases contaminantes, para cubrir la demanda. En concreto, las centrales de carbón registraron aumentos del 99% y las de gas, del 33%.
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