Hasta el muerto viajó a Varadero

Cuba. Varadero

Varadero, Cuba

Historia real, sin una coma por obra de la ficción o una de esas licencias que se toman en el oficio para recrear la narrativa. El aviso llegó a la barra del hotel con toda la seriedad del acontecimiento no sin esa nota sarcástica del mensajero:

-Caballeros, también arribarán en breve los restos mortales del tío Roberto.

Algo digno de estudio post pandémico está ocurriendo en la isla que ya no resulta rara la constancia del difunto, notario de por medio, para que sus cenizas sean esparcidas en el afamado balneario. Si de cara al futuro la playa corriera el riesgo de contaminarse será tarea de las autoridades permanentes porque con ese propósito están llegando cenizas de otros rincones de este mundo donde viven y mueren cubanos también.

La solemne y costosa ceremonia no tuvo un origen celestial, sino muy cercano, casi terrenal. Y es que su financiamiento vino directamente desde Miami. Las bendiciones todas para ese pariente que desde allá lanzó la convocatoria-invitación.

Testigo excepcional del acontecimiento, digno del humor negro o de ese realismo mágico del que algunos hablan, el tío Roberto partió definitivamente en horas de la noche cuando casi todos los huéspedes (ninguno ruso) participaban en el show en plena playa, con unas bailarinas con alas de mariposa que parecían levantar un vuelo de custodia.

Fieles a los deseos del occiso, no faltaron la alegría, el ron y las cervezas. Máxime cuando se trataba de una instalación con todo incluido. Dolientes e invitados bebieron hasta el cansancio con breves e intercaladas oraciones fúnebres para un hombre que supo disfrutar los pocos y buenos momentos de esta corta vida.

Al día siguiente, la inesperada marejada impidió el disfrute en las transparentes aguas. Como que entre los participantes en la velada había de todo, uno de ellos con creencias espiritistas osó en replicar:

-Ya está jodiendo de nuevo el tío Roberto.