Gobierno provisional

Pedro Sánchez y Pablo Iglesias
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Cuando todavía hace escasas semanas se constituyó el llamado Gobierno de coalición entre socialistas y podemitas, nadie se atrevió a aventurar que fuese un Gobierno duradero. Pero lo que nadie imaginaba tampoco es que el desenlace iba a ser tan deplorable y quizás tan breve como anticipan los pronósticos.

Es lógico que en un Gobierno de coalición surjan discrepancias entre sus socios. No parece, sin embargo, normal que estas discrepancias se repitan un día tras otro y que además sean aireadas por el vicepresidente segundo con la prepotencia y carencia de solidaridad institucional que está demostrando desde el mismo día que asumió el cargo.

La creencia de que Pablo Iglesias, al que no se puede negar inteligencia, se adaptaría a la necesidad de compartir principios y decisiones se esfuma cada vez que coge un micrófono o se encuentra con una cámara de TV delante. No sabe o no quiere distinguir lo que es un Gobierno de un partido.

Su comparecencia ayer en el Congreso fue un verdadero mitin defendiendo los ideales de UP e ignorando la responsabilidad conjunta que tendría que asumir ante la crisis. Está demostrando que no es un político de Estado y esta incapacidad le invalidad para formar parte de un Gobierno estable.

La defensa de las caceroladas contra el Rey Felipe VI coincidiendo en su mensaje sobre la pandemia que nos amenaza a todos, en una iniciativa compartida con los independentistas, pone a Pedro Sánchez y al PSOE, que acepta responsablemente la estabilidad que aporta la Monarquía, en un brete insostenible.

La coalición es difícil, son dos partidos que fuera de su condición de izquierdas son incompatibles, pero en estos momentos de emergencia nacional, además su coexistencia compartiendo responsabilidades con una parte queriendo aprovechar para beneficiarse a costa del bien general, se vuelve insostenible.

No tengo ni vocación ni formación para ejercer de futurista. Nunca ha tenido una bola de cristal cerca y estos días de confinamiento, menos. Pero, si me atrevería a pronosticar que el Gobierno a pesar de los esfuerzos y buena voluntad de muchos de sus miembros, incluido el Presidente que si admite errores, tendrá un futuro breve.

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