Expertos piden integrar el cambio climático en los planes de recuperación para abordar la desigualdad en salud

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El informe 2021 de la ‘Cuenta atrás‘ de The Lancet sobre ‘Salud y cambio climático: código rojo para un futuro saludable’, destaca los crecientes riesgos para la salud y el clima, que agravan los peligros para la salud a los que ya se enfrentan muchas personas, especialmente en las comunidades expuestas a la inseguridad alimentaria y del agua, a las olas de calor y a la propagación de enfermedades infecciosas.

Por ello, los autores reclaman una acción urgente y coordinada a nivel mundial para mitigar el cambio climático y construir un futuro más saludable y sostenible para todos.

Muchos de los actuales planes de recuperación de COVID-19 no son compatibles con el Acuerdo de París y, por lo tanto, tendrán implicaciones sanitarias a largo plazo, advierte. A pesar de los efectos climáticos perjudiciales, el mundo sigue subvencionando los combustibles fósiles.

En 2018, 65 de los 84 países analizados por los investigadores de ‘The Lancet Countdown’ tenían precios netos negativos del carbono, lo que equivale a una subvención global de los combustibles fósiles. El valor medio de la subvención era de 1.000 millones de dólares (unos 860 millones de euros), y algunos países proporcionaban subvenciones netas a los combustibles fósiles por valor de decenas de miles de millones de dólares cada año. Los 84 países encuestados son responsables de alrededor del 92% de las emisiones mundiales de CO2.

En 2020, los adultos mayores de 65 años se vieron afectados por 3.100 millones de días más de exposición a olas de calor que en la media de referencia de 1986-2005. Las personas mayores chinas, indias, estadounidenses, japonesas e indonesias fueron las más afectadas.

El cambio climático y sus impulsores están creando las condiciones ideales para la transmisión de enfermedades infecciosas, lo que podría deshacer décadas de progreso en el control de enfermedades como el dengue, el chikungunya, el Zika, la malaria y el cólera.

Los sistemas sanitarios están mal preparados para las crisis sanitarias actuales y futuras inducidas por el clima, señala el informe. Sólo 45 (49%) de los 91 países en 2021 declararon haber realizado una evaluación de la vulnerabilidad y la adaptación al cambio climático y la salud.

Además, apuntan que la pandemia de COVID-19 ha demostrado la necesidad de aumentar la cooperación internacional ante las crisis mundiales. Por ello, señalan que los políticos deben mostrar su liderazgo yendo más allá de la retórica y pasar a la acción en la próxima Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP26), que comenzará el domingo 31 de octubre de 2021 en Glasgow, Escocia. Las emisiones de carbono deben reducirse rápidamente para mejorar la salud y proporcionar un futuro más equitativo y sostenible, apuntan.

Mientras los países comprometen billones de dólares para reiniciar sus economías en medio de la pandemia de COVID-19, el informe insta a los líderes políticos y a los responsables de las políticas a utilizar este gasto público para reducir las desigualdades. El fomento de una recuperación ecológica mediante la creación de nuevos puestos de trabajo ecológicos y la salvaguarda de la salud, construirá poblaciones más sanas ahora y en el futuro.

Advierten de que una recuperación impulsada por los combustibles fósiles -que incluye grandes subsidios para el petróleo, el gas y el carbón y un apoyo financiero limitado para las energías limpias- podría potencialmente cumplir con objetivos económicos estrechos y a corto plazo, pero luego podría empujar al mundo irrevocablemente fuera de curso y hacer imposible cumplir con el máximo de 1,5C de calentamiento como se indica en el Acuerdo de París.

Esto tiene un coste para la salud humana, que afecta sobre todo a las personas que viven en los países de renta baja, cuya población ha hecho la menor contribución relativa al cambio climático. A medida que los gobiernos pasan de los gastos de emergencia a la recuperación a largo plazo tras la pandemia, es vital que una mayor parte de estos fondos se invierta en formas que reduzcan el cambio climático, como la promoción de puestos de trabajo en energía de carbono cero, donde la inversión está por debajo de lo necesario para mantenerse dentro de 1,5C de calentamiento.

El informe de ‘The Lancet Countdown’ muestra que muchos países no están suficientemente preparados para los efectos sanitarios del cambio climático. En una encuesta de la Organización Mundial de la Salud de 2021 sobre salud y cambio climático, sólo 45 de los 91 países encuestados (49%) dicen tener un plan o estrategia nacional de salud y cambio climático.

Sólo 8 de esos 45 países analizados informaron de que sus evaluaciones de los efectos del cambio climático en la salud de sus ciudadanos habían influido en la asignación de recursos humanos y financieros. El 69% de los países de este análisis señalaron que la financiación insuficiente era un obstáculo para la aplicación de estos planes.

«El cambio climático está aquí y ya estamos viendo cómo perjudica a la salud humana en todo el mundo –señala el profesor Anthony Costello, director ejecutivo de la Cuenta atrás de ‘Lancet’–. A medida que la crisis de COVID-19 continúa, todos los países se enfrentan también a algún aspecto de la crisis climática».

«El informe de 2021 muestra que las poblaciones de 134 países han experimentado un aumento de la exposición a los incendios forestales –continúa–. Millones de agricultores y trabajadores de la construcción podrían haber perdido ingresos porque algunos días hace demasiado calor para trabajar. La sequía está más extendida que nunca. El informe de ‘The Lancet Countdown’ tiene más de 40 indicadores y demasiados de ellos parpadean en rojo».

«Pero la buena noticia es que los enormes esfuerzos que están haciendo los países para poner en marcha sus economías después de la pandemia pueden orientarse a responder al cambio climático y al COVID-19 simultáneamente –resalta–. Tenemos una opción: La recuperación de la COVID-19 puede ser una recuperación verde que nos ponga en la senda de la mejora de la salud humana y la reducción de las desigualdades, o puede ser una recuperación sin novedades que nos ponga a todos en peligro.»

El informe de ‘The Lancet Countdown’ representa el consenso de destacados investigadores de 38 instituciones académicas y organismos de la ONU.

Los 44 indicadores del informe de 2021 exponen un aumento incesante de las repercusiones del cambio climático en la salud, como el aumento de la probabilidad de brotes de dengue, chikungunya y Zika, la idoneidad para las infecciones de malaria está aumentando en las zonas altas más frías de los países con un índice de desarrollo humano bajo y las costas del norte de Europa y Estados Unidos se están volviendo más propicias para las bacterias que producen gastroenteritis, infecciones graves de heridas y sepsis.

Maria Romanello, autora principal del informe, comenta que «los gobiernos están gastando billones de dólares en la recuperación de la pandemia del COVID-19. Esto nos da la oportunidad de tomar un camino más seguro, más sano y con menos emisiones de carbono, pero aún no lo hemos hecho –advierte–. Se espera que menos de uno de cada cinco dólares que se gastan en la recuperación de la COVID-19 reduzcan las emisiones de gases de efecto invernadero y es probable que el impacto global sea negativo».

«Nos estamos recuperando de una crisis sanitaria de una manera que está poniendo en riesgo nuestra salud –advierte— Es hora de darse cuenta de que nadie está a salvo de los efectos del cambio climático. Mientras nos recuperamos de la COVID-19 todavía estamos a tiempo de tomar un camino diferente y crear un futuro más saludable para todos nosotros».