Opinión

Estoy de cumpleaños

Al llegar a la ciudad de Sancti Spíritus, el aviso de un amigo: No sigas por la Carretera Central porque los rebeldes volaron el puente del río Zaza. Entonces, la vía norte, por Yaguajay. En el polvoriento camino, un soldado fugitivo del ejército de Batista detiene el auto con el pretexto de unirse a las fuerzas del Ejército Rebelde.

De pie, en la parte trasera de un Opel Capitán, observo sorprendido la escena. Mi padre le exige desarmarse, guardar las armas en el maletero para ubicarlo en la parte trasera donde viajábamos mi hermano mayor y yo,

Por esa vía alternativa de la campiña, leo improvisados carteles colocados sobre las cercas que anunciaban “Territorio Liberado”.

Poco antes de llegar a Yaguajay, el militar pide detener el vehículo y se marcha.

Muy pronto en la finca, el paso de las tropas del carismático comandante Camilo Cienfuegos. Entre ellos, el guardia. La novedad de los niños de entonces era pedir de regalo una bala que luego se le sacaría la pólvora, se horadaba próximo al culote y se le pasaba una cadenita de bolitas para tener un llavero insurgente que competía con el que obsequiaba la Esso en sus gasolineras.

Testigo excepcional de los tiempos iniciales de la Revolución. Limpia del Escambray, Girón, Crisis de Octubre, la creación de las nuevas instituciones. En casa, el Comité de Defensa de la Revolución Camilo Cienfuegos con sus reuniones con temas políticos y de discusión colectiva para determinar quién recibía un ticket para adquirir un par de zapatos de hombre o un blúmer. Sobre esto último recuerdo que las mujeres guardaban absoluto silencio. El pudor se imponía a la necesidad.

La creación del Instituto Cubano del Petróleo (ICP), que gracias al humor costumbrista tenía múltiples significados, Imposible Conseguir Pesetas (estaban perdidas) o Imposible Casar a Pastorita (célebre guerrillera).

De Lobato en los Boy Scouts, repartiendo guano bendito en la parroquia de San José a ser de fundador de la Unión de Pioneros de Cuba con domingos entonces dedicados a la recogida de algodón o visitas a las unidades militares soviéticas para cantarles canciones de la orquesta Aragón: “¡Agua, río está crecido, compay…!”.

Vivido en carne y manos propias el pulsar de una Revolución en marcha. Camarioca, Ofensiva Revolucionaria de 1968, Zafra de los Diez Millones y guerras en Angola, Etiopía y Nicaragua entre tantas cuentas.

La historia, a veces bien contada; otras, a golpe de insoportables letanías, que vaya hacia los que no la vivieron. Los niños de la Revolución, hoy ancianos todos, estamos cumpliendo más años en la búsqueda de la felicidad, la salud y la prosperidad sin olvidar detalles que algunos historiadores ignoran por desconocimiento o con toda intención.

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Aurelio Pedroso

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