-¡Ahorren agua que no entró nada a la cisterna!
De inmediato, un anciano próximo a las ocho décadas, uno más entre los tantos residentes, y veterano de guerra, riposta desde lo alto para que el mensaje penetre en cada vivienda, una frase de sus tiempos ya hoy en desuso:
-¡A cagar por los portales, señores!
La noche de este viernes, una más entre tantas, no ha tenido nada excepcional en estos días de convulsiones del Sistema Electroenergético Nacional (SEN) con extensos cortes de electricidad en toda la isla con la capital incluida. En algunos barrios densamente poblados, sonaron unas cuantas calderas.
Innegable el malestar; humana la respuesta porque ya forma parte del recuerdo cuando comenzaron los apagones en Cuba, acrecentados ahora por otra vuelta de tuerca ejercida por Donald Trump y su lugarteniente Marco Rubio para que no entre a puerto un solo barril de petróleo.
El edificio de marras resulta bastante tranquilo. Aquí las calderas están en silencio todo el tiempo. Los jóvenes que vivían en él todos han tomado camino fuera del país con diversos argumentos. Algunos demógrafos independientes aseguran que casi dos millones de personas han abandonado el país desde poco antes de la epidemia de Covid. Jóvenes en inmensa mayoría.
Entre todos, unos más; otros menos, está la ayuda y el socorro mutuos. Un medicamento, un plato de comida, una compañía nocturna, compartir una telera de pan de 300 pesos, el servir de lazarillo a consulta médica. Es que se comparte hasta la electricidad porque los hay que sus hijos le han financiado un generador de electricidad conocido por Ecoflow. Una verdadera antología de solidaridad ante un proceso galopante de desgaste físico y psicológico.
Una respuesta común, de consuelo, en boca de muchos de ellos:
-Estamos vivos.





