Ada Colau, alcaldesa de Barcelona
Ana Colau, la alcaldesa de Barcelona, ha batido estas últimas horas su propio record de incoherencia. Sus esfuerzos por ponerle cada día una vela a Dios y otra al Diablo sin ser capaz de quedar bien con ninguno de ellos están alcanzando en el postprocés cotas históricas de versatilidad política, hipocresía social y cinismo sin rubor. Harta de condescender con los soberanistas, ahora caídos en sus propias trampas, pero asegurando que votaría en referéndum sin preocuparla que fuese ilegal, bastó que el expresident Puigdemont se largase a Bruselas -en el ya tristemente célebre sálvese quien pueda que inauguró- para empezar a ponerle a él y a sus consellers de chupa de dómine.
En las últimas horas la hemos escuchado despotricar exigiéndole al exgovern golpista que explique a los ciudadanos por qué “engañó y tensionó” la vida en Cataluña. Puesta a criticar cuanto antes había consentido y hasta elogiado, su versatilidad política la ha convertido en la gran acusadora circunstancial de la actitud de los responsables. En tono lamentoso llegó a decir: “Hicieron una DUI – Declaración Unilateral de Independencia –, desaparecieron y dejaron al país sólo”. Le faltó añadir que sólo ella se ha quedado en Barcelona para protegerlo, cuidarlo y salvarlo de tanto peligro como le acecha. Ada Colau da la impresión a menudo que se considera ungida para salvar a los demás, mayormente a los suyos.
Pero alcaldesa de las mil opiniones y dos mil criterios quizás pensó que había llegado demasiado lejos en su cambio cotidiano de blusa política y para equilibrar y volver a ponerse a bien con quienes nunca se sabe si volverán a tener poder e influencia, ha decidido romper el pacto municipal que tenía con los socialistas del PSC. Razón: pues formar parte de un partido que apoyó la aplicación del artículo 155 de la Constitución; dicho sea de paso gracias al cual los culpables de “engañar y tensionar” al pueblo catalán o fueron encausados o pusieron pies en polvorosa lo cual está permitiendo que, a pesar de todo el desaguisado, la normalidad se vaya recuperando poco a poco.
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El triunfo de la incoherencia
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