Después de años de penurias, los partidos socialdemócratas de Europa por fin tienen una buena noticia. Al clavo ardiendo que se había convertido el Gobierno portugués se le une ahora el Ejecutivo español de Pedro Sánchez. Tanto Sánchez como Antonio Costa en Portugal han alcanzado el poder pactando con partidos escorados hacia su izquierda.
Portugal, Malta, Suecia, Rumania, Eslovaquia y España. Esos son los seis de los 28 países de la Unión Europea que en estos momentos tienen un gobierno socialista. En el último año, la socialdemocracia había perdido plazas tan importantes como Francia (François Hollande) e Italia (Matteo Renzi), por eso la victoria parlamentaria de Pedro Sánchez ha sido recogida con tanto optimismo dentro de las filas socialistas del Viejo Continente.
La irrupción de Sánchez como nuevo presidente del Gobierno se enmarca en un contexto nacional (corrupción y temor a Ciudadanos) difícil de extrapolar al exterior. Sin embargo, la circunstancia de que tanto en España como en Portugal el socialismo haya necesitado apoyarse en partidos escorados más hacia la izquierda pueden revelar un camino que hasta el momento la socialdemocracia parecía temerosa a transitar.
Mientras que los partidos de derechas no encontraban inconvenientes en aproximarse a formaciones ubicadas en el extremo diestro, a los partidos socialistas les aterraba la posibilidad de relacionarse con la (extrema) izquierda. Un obstáculo que ha librado, de momento, Pedro Sánchez.
Gran parte de ese dilema nace de la incapacidad que ha tenido la socialdemocracia para dar respuestas a la crisis. La asimilación de la tercera vía (Tony Blair y Schroeder) y del ‘fin de la historia’ provocó que el socialismo se rindiera ante la lógica económica del libre mercado. Adiós al keynesianismo para jugar con unas reglas completamente ajenas al espíritu socialdemócrata.
La socialdemocracia ha jugado fuera de casa – o asimilando la mudanza a otra – durante mucho tiempo, sin una brújula clara. Se desconoce si la ha encontrado. De momento, Pedro Sánchez parece haber seguido el reflejo del espejo en el que se miraba, Portugal. Que el resultado sea similar al de Antonio Costa será cuestión de dos años. Los que quedan hasta 2020.
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