El nuevo ‘juguete’ de la banca de inversión tras la caída en desgracia de los CDS por la crisis del Popular

Wall Street
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La crisis de Banco Popular ha puesto bajo sospecha el papel de los credit default swaps (CDS) como inversión, pero la gran banca internacional ya ha encontrado un nuevo y floreciente negocio de productos derivados vinculados al mercado en auge de crédito corporativo.

Los ‘swaps de retorno total’ (TRS) permiten a los inversores pagar una comisión y, a su vez, recibir efectivo en función del rendimiento de un activo subyacente. Si bien este concepto no es nuevo, los bancos han comenzado a ofrecer a los inversores estos ‘swaps’ sobre una lista cada vez mayor de índices de bonos, como las canastas de deuda corporativa tanto de grado de inversión como de alto rendimiento, según publica Financial Times.

Los derivados son una forma atractiva de obtener exposición a los mercados de bonos porque requieren menos capital por adelantado que tomar una posición comparable en los mercados de efectivo. Asimismo, un ‘swap retorno total’ no solo brinda a los compradores nuevas formas de obtener acceso a diferentes tipos de deuda, sino que también les permite protegerse –pero también apostar- por un potencial colapso en un mercado particular.

De acuerdo con el diario británico, JP Morgan y Goldman Sachs se encuentran entre los grandes bancos de inversión que recientemente han comenzado a ofrecer TRS para índices Markit de bonos ‘additional tier 1’ (los ya famosos AT1 o CoCos) denominados tanto en euros como en dólares. Este tipo de deuda bancaria está diseñada para absorber pérdidas en casos de dificultades de un banco, y se ha hecho muy popular ya que las entidades se verán obligadas durante los próximos años a emitir ingentes cantidades de estos títulos para afrontar los nuevos requisitos regulatorios.

Los volúmenes comerciales mensuales de los ‘swaps de retorno total’ en los índices Markit se han cuadruplicado en los últimos cuatro años hasta los 12.000 millones de dólares, de acuerdo con el proveedor de índices.

Mientras, la caída en junio de Banco Popular, que fue vendido a Santander por el precio simbólico de un euro después de que sus bonos subordinados fueran laminados, se ha traducido en un desinterés cada vez mayor de los inversores por los credit defalt swaps (CDS). Los inversores que compraron estos productos todavía no han visto ni un euro cuatro meses después, ya que el comité encargado espera la orientación de Bruselas.

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