Imagen de una camarera.
“Ha llegado la hora de volver a hacer sonar las campanas de nuestros bares y restaurantes”, afirma la Consejería de Economía y Hacienda en esta nueva campaña con la que pide dejar propina en los establecimientos de hostelería.
“Son las clases de piano del hijo de Elena. Es el regalo de cumpleaños con el que, un año más Roberto ha vuelto a sorprender a Concha. Son los estudios de Sofía para perfeccionar su inglés”, dice una voz en off en el vídeo colgado por el departamento de Javier Fernández-Lasquetty junto a imágenes de gente dejando unas monedas.
Según continúa, “ellos (en referencia a camareros y camareras) son los que hacen la vida un poco más fácil y alegre. Son las propinas las que hacen posible esos pequeños sueños de quienes nos atienen cada día. Las propinas que dejamos en nuestros bares y restaurantes”. “Para nosotros”, insiste, “es un pequeño gesto, pero para ellos es el extra que les permite llegar a esas ilusiones tan necesarias”. “Volvamos a dejar propina”, concluye el vídeo.
Las políticas de propinas difieren mucho entre países. En algunos como EEUU o Canadá son obligatorias y constituyen una buena parte de los ingresos de los camareros. En otros, los sueldos son tan bajos, que sin ese dinero extra, los empleados no podrían sobrevivir. Es el caso de México o Turquía.
Más llamativo es el caso de Rusia, Ucrania y Rumania, donde las propinas estuvieron prohibidas durante el comunismo, pero en los últimos años se han popularizado.
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