Capitolio de La Habana
De repente, como ese estribillo de pegajosa melodía de moda, la gente se ha disparado a escribirle al presidente. Y entiéndase que se trata tanto de personas simples como aquellas de las más diversas organizaciones para que ponga en orden o más desorden en las deterioradas relaciones EEUU-Cuba y elimine de una vez y por todas o apriete la mano con el embargo o bloqueo a la isla que ya va para más de seis décadas.
Un par de ellas serían aceptables, pero esa arremetida de unas tras otras lo pueden sacar de paso junto a varios asesores por muy acostumbrados que estuvieran en lidiar con el personal que si son cubanos ya se sabe somos insistentes como moscas cojoneras.
En el mejor de los momentos tal vez se decida a responder. Y es de esperar que sea claro, conciso y educado, que les recuerde a tantos remitentes que luego de una encarnizada campaña por el poder, resultó elegido para encauzar una nación y no para destinar las 24 horas del día a leer y responder cartas de amor, pasión y malas intenciones.
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