El auge del capital riesgo reduce a la mitad el número de cotizadas en Wall Street

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Wall Street cuenta ahora con la mitad de inquilinos que hace dos décadas. La proliferación de vehículos de capital riesgo ha hecho posible que muchas compañías hayan recurrido a fórmulas de financiación ajenas a la Bolsa, mientras que las fusiones y adquisiciones siguen mermando la población del parqué neoyorquino.

A finales de la década de los 90, justo antes del estallido de la burbuja de las puntocom, Wall Street contaba con más de 7.000 compañías admitidas a negociación. Hoy por hoy, el número se reduce a 3.603 sociedades, según datos recogidos por Wilshire Associates de los que se hace eco Financial Times. Un descenso que es igualmente dramático si se toman en cuenta solo los últimos diez años, pues entonces la Bolsa neoyorquina contaba con 4.900 empresas cotizadas.

La despoblación del parqué neoyorquino se torna aún más evidente si se toman como referencia cifras de finales de los 70. Entonces, con unos mercados muchos menos desarrollados, una economía menos globalizada y un mercado de valores mucho más elitista, eran cerca de 4.500 las compañías cuyas acciones se compraban y vendían en los corros del emblemático edificio de Wall Street.

Los analistas apuntan hacia el auge que en este tiempo han logrado los vehículos de financiación privada con novedosas y cada vez más difundidas fórmulas como el crowdfunding. Mientras que el capital riesgo estadounidense es desde hace años uno de los más especializados y segmentados del mundo, debido fundamentalmente a las recurrentes y específicas necesidades de fondos que presentan las startups tecnológicas de Silicon Valley, la regulación aplicable a las cotizadas en Bolsa no ha hecho más que engordar y reforzarse.

Mientras que la normativa aplicable a las nuevas herramientas de financiación que logran con creciente facilidad montantes más abultados y de inversores más selectos, los requerimientos que se fijan para el estreno y posterior continuidad en Bolsa son cada vez más estrictos.

La globalización y el activismo de los inversores

Ante este escenario, no es de extrañar que las posibles debutantes en Bolsa recurran a estas fórmulas más novedosas a la hora de captar nueva financiación y evitar así el arduo trabajo burocrático y marcaje de los supervisores a los mercados oficiales de valores. Es más, el número de las ya cotizadas que echan mano de estas estrategias para satisfacer sus necesidades de nuevos capitales no cesa de crecer.

Los analistas señalan también directamente hacia el punto de la globalización. En un mundo en el que los grandes mercados bursátiles están cada vez más conectados, la inversión es más accesible para un mayor número de individuos y varias regiones comienzan a despuntar en poderío económico, el protagonismo de la Bolsa de Nueva York se diluye.

Ya no solo con respecto a otras plazas estadounidenses, sino frente a parqués tan distantes como Londres, Hong Kong y el pujante Shénzhen, en la China continental. En este sentido, algunas gigantes globales han escogido estas plazas en lugar de la meca global de las finanzas para llevar a cabo sus puestas de largo que, en cualquier caso, han sido menos numerosas en los ejercicios más recientes a consecuencia del rebrote de tensiones geopolíticas a lo largo y ancho del mapamundi que han aconsejado la postergación de las operaciones en curso.

En el año en curso, el estreno de Snap, la compañía responsable de la aplicación Snapcht, ha paliado la sequía de ejercicios anteriores, sin embargo el ritmo de llegada de nuevos inquilinos a la Bolsa de Nueva York sigue frenando mientras que la recuperación económica se traduce en unos más elevados márgenes de beneficio y la disponibilidad de mayor liquidez, récord en muchos casos, para afrontar absorciones e integraciones que terminan por mermar el ya reducido número de cotizadas.

Con este escenario, no sorprende tanto el hecho de que según los datos recopilados por Wilshire, el año 2016 fuera el más débil en cuanto a estrenos en Wall Street desde el estallido de la más reciente crisis económica en 2009. Desde el propio parqué neoyorquino, su presidente Thomas Farley, señala otros obstáculos que en los últimos tiempos frenan a las compañías a la hora de estrenarse en Bolsa. Especialmente, apunta hacia dos íntimamente unidos: más inversores de perfil activista frente a los consejos de administración y un cada vez más extendido enfoque del mercado hacia el corto plazo que potencia el crecimiento de la especulación.