El acceso a la vivienda amplía la brecha generacional en todo el mundo entre señales de una nueva crisis

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Viviendas

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El sueño de poseer una vivienda propia parece cada vez más inalcanzable para las generaciones más jóvenes. Una tendencia que no es exclusiva de España sino que empieza a reproducirse en todo el mundo, multiplicando un malestar social que amenaza con poner en jaque a gobiernos de todo el color político y en un entorno en el que empiezan a surgir nuevas señales de burbuja.

El problema del coste de la vivienda se ha convertido en una aguda desigualdad habitacional, y toda una generación corre el riesgo de quedarse atrás, señala Bloomberg en un reportaje. “Estamos viendo cómo algunos sectores de la sociedad se quedan fuera de algunas partes de nuestra ciudad porque ya no pueden permitirse un apartamento”, afirma el alcalde de Berlín, Michael Mueller, a la agencia estadounidense. “Eso ocurre en Londres, en París, en Roma y ahora, por desgracia, cada vez más en Berlín”.

Esa exclusión está convirtiendo rápidamente la vivienda en una nueva línea de fractura en la política, con repercusiones imprevisibles. El líder del sindicato alemán Ver.di califica el alquiler como el equivalente del siglo XXI al precio del pan, detonante histórico del malestar social.

Los políticos lanzan todo tipo de ideas sobre el problema, desde límites a los alquileres hasta impuestos especiales a los propietarios, pasando por la nacionalización de la propiedad privada o la conversión de las oficinas vacías en viviendas.

Los gobiernos de todo el mundo, en jaque

Pero no hay ninguna solución fácil. De hecho, en España, la Ley de Vivienda sigue atascada por las diferencias entre los socios del Gobierno.

En otros países como Corea del Sur, el partido del presidente Moon Jae-in fue vapuleado en las elecciones a la alcaldía de este año tras no haber conseguido atajar la subida del 90% del precio medio de un apartamento en Seúl desde que asumió el cargo en mayo de 2017. El principal candidato de la oposición para las elecciones presidenciales del próximo año ha advertido de un posible colapso del mercado inmobiliario a medida que aumentan los tipos de interés.

China ha intensificado las restricciones en el sector inmobiliario este año y se especula con la posibilidad de un impuesto sobre la propiedad para bajar los precios. El coste de un apartamento en Shenzhen, la respuesta china a Silicon Valley, equivalía a 43,5 veces el salario medio de un residente en julio, una disparidad que ayuda a explicar el impulso del presidente Xi Jinping a la “prosperidad común”.

En Canadá, el Primer Ministro Justin Trudeau ha prometido una prohibición de dos años a los compradores extranjeros si es reelegido.

El gobierno sueco se derrumbó en junio tras proponer cambios que habrían abandonado los controles tradicionales y permitido que el mercado fijara más alquileres.

En Alemania, un intento de controlar el aumento de los alquileres en Berlín fue anulado por un tribunal. Los activistas han recogido suficientes firmas para forzar un referéndum sobre la incautación de propiedades a los grandes propietarios privados. La moción se someterá a votación el 26 de septiembre. El gobierno de la ciudad alemana anunció el viernes que compraría casi 15.000 apartamentos a dos grandes empresas propietarias por 2.460 millones de euros para ampliar la oferta.

Anthony Breach, del centro de estudios Centre for Cities, incluso ha defendido la relación entre la vivienda y el voto británico de 2016 para abandonar la Unión Europea. La desigualdad en la vivienda, concluyó, está “revolviendo nuestra política”.

Nueva crisis inmobiliaria mundial

La pandemia ha avivado el mercado mundial de la vivienda hasta alcanzar nuevos récords en los últimos 18 meses gracias a la confluencia de unos tipos de interés ultrabajos, la escasez de construcción de viviendas, los cambios en el gasto de las familias y el menor número de casas puestas a la venta. Si bien esto es una bendición para los propietarios actuales, a los posibles compradores les resulta cada vez más difícil entrar.

Lo que estamos presenciando es “un acontecimiento importante que no debe ser ignorado ni acogido con un encogimiento de hombros”, apunta Don Layton, ex director general del gigante hipotecario estadounidense Freddie Mac, en un comentario para el Joint Center for Housing Studies de la Universidad de Harvard.

En EEUU, donde los precios nominales de la vivienda están más de un 30% por encima de los máximos alcanzados a mediados de la década de 2000, las políticas gubernamentales destinadas a mejorar la asequibilidad y promover la propiedad de la vivienda corren el riesgo de avivar los precios, dejando a los compradores primerizos aún más a la deriva, de acuerdo con Layton.

En muchos países de la OCDE, la relación precio-ingreso ha aumentado drásticamente desde 1995. En el caso español, se sitúa en el 42,9%, mientras que en países como Suecia o Reino Unido las subidas se sitúan en el entorno del 100%.

El resultado es una brecha generacional cada vez mayor entre los Baby Boomers, que estadísticamente tienen más probabilidades de poseer una vivienda, y los Millennials y la Generación Z, que están viendo cómo se esfuman sus sueños de comprar una.

Además, la deuda existente en materia de vivienda puede estar sembrando las semillas de la próxima crisis económica si los costes de los préstamos comienzan a aumentar. Niraj Shah, de Bloomberg Economics, ha elaborado un cuadro de mandos de los países que corren más peligro de sufrir una burbuja inmobiliaria, y afirma que los indicadores de riesgo están emitiendo “advertencias” con una intensidad que no se veía desde el período previo a la crisis financiera de 2008.

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