Adicae ha denunciado que el progresivo cierre de sucursales bancarias en España aumenta el riesgo de exclusión financiera al mismo tiempo que intensifica la sensación de oligopolio.
El número de oficinas bancarias operativas en España al cierre de 2012 se situó en 38.227 sucursales, la segunda cifra más alta de toda la eurozona, aunque un 4,9% menos que en 2011, según datos del Banco Central Europeo (BCE). Esta cifra supone la desaparición de 1.963 oficinas en un año y de 7.927 (un 17,2% menos) desde que comenzó la crisis en 2008, lo que supone que más de la mitad de las oficinas cerradas en toda la UE en los últimos cinco años eran españolas.
La asociación señala que detrás de este cierre de oficinas se encuentra el proceso de reestructuración del sector, que se traduce en que del centenar largo de entidades que había en España antes de la crisis hemos pasado a poco más de una docena de grandes conglomerados bancarios, lo que implica lógica reducción en el número de oficinas.
Sin embargo, “el riesgo real es que esta reducción de firmas está implicando también una reducción en la variedad de oferta financiera y el surgimiento de zonas de exclusión bancaria que afectan a los consumidores y sus derechos”, destaca Adicae.
Los datos del BCE revelan además que la reducción en el número de oficinas en España por parte de entidades domésticas se tradujo en la pérdida de 11.664 empleos durante 2012, hasta un total de 234.292 empleados, lo que implica la pérdida de 42.205 empleos entre las entidades de crédito domésticas desde 2008. En ese sentido, Adicae señala que viene denunciando “este riesgo de pérdida de servicios y competencia bancaria que intensificará la sensación de oligopolio sin control que ya se desprende de la actividad financiera en España”.







