En julio de este año el crédito bancario experimentó su mayor caída de los últimos 50 años, pero, en medio de la hecatombe, las entidades financieras españolas concedieron préstamos por un valor equivalente al 37,6% del PIB español a los sectores relacionados con el ladrillo con el único objetivo de sanear sus balances, sin que el Gobierno haya mostrado la menor inquietud al respecto.
Según los últimos datos oficiales del Banco de España, correspondientes al pasado mes de julio, las entidades aún destinaron 286.942 millones en préstamos a las refinanciaciones inmobiliarias. La cantidad equivale al 28,6% del PIB españolas mismas cifras oficiales muestra también que otro sector con problemas, las constructoras, recibió 91.834 millones, un 9% del PIB. En total, el 37,&% del que hablábamos antes.
Los bancos han usado este ardid para impedir que algunos que se les dispare la morosidad y que las cifras de incobrables se escapen de todo control. La estratagema, denunciada por algunos consultores internacionales, ha contribuido a deteriorar en el exterior la imagen del sector financiero español.
Y, teóricamente, debería haber descendido tras el anuncio de la próxima creación del banco malo. Pero las incertidumbres y la falta de concreción en este asunto es de tal calibre que la velocidad a la que afloran estos créditos malos es mucho menor de lo que esperaban en el Ministerio de Economía.
Mientras tanto, la inversión crediticia a familias y pequeñas empresas desciende. Y, según los analistas, no hay muchas posibilidades de que aumente a medio plazo, ante la necesidad de las entidades de sanear sus balances.