Julio Fernández Gayoso, ex presidente de Novacaixagalicia, se ha convertido en un “símbolo del choque entre la tradición consagrada de una caja como una institución comunitaria señorial y la moderna economía bancaria basada en el euro que España ha tratado de crear en las últimas décadas”, según señala en un artículo el diario estadounidense New York Times, que hace un recorrido sobre la vida del banquero gallego.
“A la manera de los antiguos tiempos, le gustaba ser llamado Don Julio por sus empleados, y los empresarios y funcionarios de gobierno de la ciudad que le vio nacer”, señala el prestigioso rotativo, que recuerda que “durante los más de cuatro décadas, Julio Fernández Gayoso dirigió la que eventualmente se convirtió en la mayor caja de ahorros del noroeste de España”.
Esta etapa llegó a su fin en junio de este año, cuando Gayoso se vio obligado a dimitir tras verse involucrado en una demanda presentada por los investigadores antifraude.
Para el NYT, “este choque de culturas empresariales” se vio, aunque de diferentes modos, en las 45 cajas que operaban en España hasta principios de 2010, “más de un año después del estallido de la burbuja inmobiliaria”. En conjunto, estos enfrentamientos ayudaron a llevar a la industria bancaria del país “al borde del colapso”, lo que provocó que los ministros de finanzas europeos elaborasen este verano un plan de rescate de 100.000 millones de euros para el sector.
La mayoría de las cajas españolas surgieron en el siglo XIX, con el apoyo de los ayuntamientos y de la Iglesia Católica. Su propósito no era generar beneficios para los accionistas, como en los bancos comerciales, sino redistribuir los ingresos excedentes a través de la obra social. En muchos casos, sin embargo, cada vez más cajas quedaron “bajo el control de los políticos regionales que no dudaron en utilizar el banco para financiar proyectos gubernamentales”.
Pero a medida que las cajas de ahorro iban acumulando poder en Galicia, la tendencia “se giró hacia un control no de los políticos, sino por unos pocos banqueros que se convirtieron en tan poderoso que incluso los políticos tuvieron miedo de ellos” según señala Santiago Lago-Peñas, profesor de economía en la Universidad de Vigo, al New York Times.






