Los bancos tienen dos semanas para presentar al Banco de España sus planes para cumplir con los saneamientos del ladrillo, y todas las miradas apuntan a las entidades medianas surgidas de la primera ronda de fusiones. El mercado da por descontado que, al igual que Banca Cívica, BMN o Liberbank deberán mover ficha si no quieren que les pille el toro.
Banca Cívica ya ha reconocido conversaciones con CaixaBank, aunque en el mercado se rumorea que coquetea también con Ibercaja y Kutxabank. La entidad comunicó en un primer momento unas necesidades de 575 millones. Sin embargo, apenas unos días después reconoció que la cifra se elevaba a 2.031 millones. De este total, 1.248 millones de euros corresponde a las provisiones adicionales y los 783 millones restantes por capital extra.
Este desfase se debe a que el banco que co presiden Enrique Goñi y Antonio Pulido había aplicado la norma contable de los procesos de fusión que posibilita actualizar los activos en función de las provisiones ya dotadas durante el año siguiente a la formalización de una fusión. Según la interpretación que había hecho el banco en un primer momento, éste podía realizar gran parte de estas dotaciones con cargo a sus reservas aprovechando que sólo hacía un año que se había unido Cajasol al proyecto.
Banco Mare Nostrum (BMN) estimó en 1.039 millones de euros las provisiones adicionales que debe apartar para cumplir con las nuevas exigencias. La entidad resultado de la integración Caja Murcia, Caja Granada, Caixa Penedés y Sa Nostra, aseguró que, de dicho importe, 365 millones de euros corresponden a la cobertura de provisiones sobre activos adjudicados relacionados con el sector inmobiliario y 674 millones de euros a nuevos requerimientos de capital.
Por su parte, Liberbank no ha hecho público el impacto de la reforma financiera, pero el sector calcula que alcanzará como mínimo los 650 millones de euros, incluyendo el colchón de capital que se le pide a la banca española para cubrir mejor el riesgo del suelo y las promociones en obra que tienen en sus balances.
En una situación mucho más holgada se encuentran, dentro de la nueva banca mediana, entidades como Ibercaja y Kutxabank, sin problemas para realizar sus saneamientos. Ibercaja, que ha alcanzado un acuerdo para hacerse con Caja 3, ha reconocido un impacto de 784 millones de euros, de los 467 millones son provisiones para la cobertura de las financiaciones y activos adjudicados relacionadas con el sector inmobiliario, mientras que el importe estimado de nuevos requerimientos de capital asciende a 317 millones de euros. La entidad prevé haber cumplido completamente en 2012.
Kutxabank ha fijado sus necesidades en 3.750 millones de euros, 650 millones de capital que se cubrirán con el excedente actual y 3.100 millones en provisiones que se cubren también con las ya constituidas.
En una situación diferente se encuentran Unicaja y Caja España-Duero, cuyo proceso de fusión se encuentra paralizado desde hace seis meses, aunque ambas partes negocian con el Banco de España una salida.
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