Estaba más que anunciado, pero el Instituto Nacional de Estadística (INE) lo ha hecho oficial: España está al borde de la recesión. El PIB se contrajo un 0,3% en el cuarto trimestre de 2011 tras estancarse en el trimestre precedente, si bien registró un crecimiento de tres décimas en tasa interanual.
La recaída del consumo de los hogares, que ha registrado un retroceso interanual del 1,1%, y la mayor contracción del gasto público (3,6%) y de la inversión empresarial (6,2%), han provocado la desaceleración de la economía española en el último trimestre de 2011. Y el futuro no es halagüeño porque se producirá un «empeoramiento» de la situación, tal y como ha advertido el ministro de Economía, Luis de Guindos.
El empleo ha acelerado su caída y ha retrocedido el 3,3%, lo que supone la reducción neta de casi 570.000 puestos de trabajo a tiempo completo en un año. Y ha caído en todas las ramas de actividad, aunque en la única que se ha desacelerado la destrucción de puestos de trabajo ha sido en la agricultura y ganadería.
La demanda exterior ha aumentado su contribución positiva al PIB, pasado de 2,2 a 3,2 puntos, como consecuencia del notable descenso experimentado por las importaciones (5,9%).







