Cada vez hay más personas pegadas sus smartphones, a veces de forma obsesiva. Envían mensajes, correos electrónicos, descargan aplicaciones, leen periódicos, actualizan su perfil en Facebook, en Twitter… El negocio está en auge. Los fabricantes de dispositivos y software como Apple y Google están en plena celebración, pero no las operadoras de telecomunicaciones, a pesar de que son ellas las que hacen frente al trabajo duro.
El sector de la telefonía siempre ha requerido grandes inversiones, pero la necesidad de construir redes más veloces y eficaces para sostener la avalancha de datos ha forzado a las compañías a ampliar aún más sus esfuerzos, algo que aumenta sus costes y genera ganancias a los fabricantes de teléfonos inteligentes. Según las previsiones de Infonetics, las operadoras de todo el mundo destinarán este año 310.800 millones de dólares a la construcción de nuevas redes, un 5,8% más.
España no es una excepción. Redtel, la patronal que agrupa a Telefónica, Vodafone, Orange y Ono, estima que las operadoras móviles incrementarán en un 50% sus inversiones actuales para poder desplegar las redes de nueva generación (LTE), lo que supondrá entre 3.000 y 3.750 millones anuales. En EEUU el año pasado, las empresas se gastaron 24.900 millones de dólares en nuevas infraestructuras, el mayor monto anual desde 2005.
Sin embargo, a pesar de estos esfuerzos, son muy pocas las empresas que consiguen un retorno sobre su inversión en redes inalámbricas mayor que sus costos de capital. En EEUU, sólo AT&T y Verizon lo consiguieron en 2010, según los cálculos de Bernstein Research.
El tráfico de datos móviles aumenta exponencialmente y el número de clientes con smartphones también sube mes a mes, pero esto no se traduce de forma proporcional en los ingresos. La subvención de los móviles es muy cara y de hecho alguna compañía en España ya ha lanzado la idea de poner fin a este modelo. Un dato: Los analistas calculan que las telefónicas pagan a Apple unos 400 dólares cada vez que un cliente compra un iPhone y se hace un contrato de permanencia de dos años.
Además, las operadoras también tienen que hacer frente a otro importante coste para mantenerse a flote, como son las ampliaciones del espectro disponible. Además, estas operaciones no salen siempre bien. Desde la última subasta que tuvo lugar en EEUU sólo una de las compañías que acudieron aún sobrevive y es T-Mobile, filial de Deutsche Telekom y de la que ha querido desprenderse. Pero hace unos días, las reticencias de los organismos antimonopolio estadounidenses provocaron que AT&T se echara para atrás.







